Victoria Priego es la presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid. FOTO: APM
Victoria Priego es la presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid. FOTO: APM

Estando de fiesta con un viejo amigo, una noche como otra cualquiera, este se percató de que, entre copa y copa, había olvidado dar señales de vida a su mujer. Así que rápidamente cogió el móvil y la telefoneó. Al descolgar esta el teléfono él le dijo: "¿Qué pasa? ¿Que no quieres saber nada de mí? ¡No me has llamado en toda la noche!"

Fue una divertida forma de darle la vuelta a la tortilla.

Pensé en esta anécdota cuando leí el artículo de Victoria Prego en la que acusa a Pablo Iglesias de montar un show propagandístico con intenciones electorales tras descubrirse el caso del espionaje que había sufrido por parte de las cloacas de Interior.

Prego intenta dar un patético giro de tuerca a una obviedad, que Iglesias y Podemos son víctimas de una oscura conspiración auspiciada por miembros del Gobierno Central, policías, empresarios y periodistas, presentando a la sociedad y la justicia como grandes perjudicadas por los delirios de grandeza política del líder de Podemos, volviendo a sacar el recurrente tema de Venezuela.

Prego, una vez más (y van...) ignora la supuesta ecuanimidad que requiere su puesto de trabajo firmando una columna agresiva, con claros tintes partidistas y poco interesada en el periodismo.

Pablo Iglesias, el día de su reaparición en Madrid. FOTO: DANI GAGO

Porque cualquier periodista digno que se precie intentaría abordar este caso con las preguntas pertinentes; ¿Quiénes encargaron espiar a Pablo Iglesias? ¿Quiénes robaron el móvil de su asesora? ¿Para qué? ¿Quién está detrás de la fabricación de pruebas falsas contra los dirigentes de Podemos? ¿Quiénes les pagan? ¿Quiénes hackearon la cámara de seguridad situada en la puerta de la vivienda de Iglesias? ¿Qué periodistas de Madrid y del resto de España han participado en esta farsa? ¿Por qué se sigue usando como arma electoral información inventada, manipulada y desmentida?

Al periodismo, el de verdad, se le presupone que hace las preguntas oportunas que interesan a la opinión pública, no solo por cubrir ese interés inmediato, sino por mantenerla debidamente informada y nunca manipulada.

Victoria Prego debería estar muy preocupada por la mala praxis y el descrédito de algunos compañeros y compañeras de la asociación que dirige, plumas a sueldo que han mentido a sabiendas y que luego no solo no han rectificado sino que se han indignado, sobreactuando, con la razonable respuesta de Podemos. La formación morada ha puesto en entredicho la neutralidad y la independencia de los medios españoles. Pero no, Priego está más preocupada de alimentar teorías ya poco creíbles bajo el amparo de García-Abadillo y despotricar sobre Pablo Iglesias, su objetivo favorito de unos años a esta parte.

Puede que la presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid represente como nadie los intereses de un grupo acomodado de periodistas madrileños; quizás también los de la plutocracia de la capital, pero nunca representará al periodismo. Así no. Porque si así fuese estaría investigando con rigor y tenacidad, y le pese a quien le pese, quiénes están detrás de la operación confabulada contra Podemos, uno de los casos más vergonzosos, pestilentes y perversos de nuestra democracia moderna.

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