Macron gana las elecciones en Francia. ENALCENOTICIAS
Macron gana las elecciones en Francia. ENALCENOTICIAS

El domingo Macron le ganaba a Marine Le Pen las presidenciales en Francia, y desde el primer minuto ya había quien lo vendía como un triunfo de la democracia y una derrota aplastante al fascismo. Si bien de iure es claramente una victoria, si se mira al trasluz puede verse una derrota moral. Hace cinco años, cuando llegó la ultraderecha a la segunda vuelta, muchos se preguntaron cómo era eso posible y se prometieron que nunca más ocurriría. Ahora no solo lo han vuelto a conseguir, sino que además han recortado distancias en el resultado, evidenciando un apoyo creciente, de 10,6 millones de votos a 13,2.

Puede que solo haya una cosa más amarga que el hecho de que aumente la popularidad de la extrema derecha -a pesar incluso de haber mostrado su relación con Putin-, y es que también crezca el desinterés y el hartazgo, traducido en la abstención más alta desde 1969. Puede ser hasta más peligroso, ya que es todavía peor que los partidos de izquierda vayan muriéndose por la apatía de sus votantes y finalmente no quede nadie para hacer frente. La abstención francesa de 1969 se entiende en un contexto de fracaso y frustración de la revolución de mayo de 1968. Se quería cambiar el sistema y finalmente nada cambió. Hoy, cinco años después de tener que elegir entre una fascista y un liberal, te mandan a elegir otra vez entre la misma fascista y el mismo liberal.

Desde hace un tiempo llevo dándole vueltas al concepto de “victoria por incomparecencia” trasladado a la política. Cuando tu oposición no tiene fuerza, está mayormente desorganizada o da una imagen pésima ante la opinión pública, da igual lo mal que lo hagas gobernando que ganarás igualmente las próximas elecciones, ya que eres la única alternativa plausible. Lo de este fin de semana podría ser perfectamente una victoria por incomparecencia, ya que por lo menos el 60% de los franceses no tiene en especial estima a los nazis. Sin embargo, cada victoria por incomparecencia tiene un coste muy alto, ya que la desidia política no deja de aumentar. Sobrevivir en el largo plazo con el único argumento de “que viene el lobo” es insostenible. Llegará el momento en el que alguien con todo el cinismo y desparpajo del mundo preguntará: ¿Por qué no votar por el mal mayor?

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