Versión española

En las Baterías de Azeville pueden contemplarse las imágenes de soldados franceses y alemanes que estuvieron allí, en uno y otro lado, como invasores y defensores con las leyendas de los textos en alemán y en francés.

Las Baterías de Azeville, en una foto reciente.
Las Baterías de Azeville, en una foto reciente.

Desconozco si es cierta la frase que se atribuye a Otto Von Bismarck, el príncipe, canciller y estadista alemán artífice de la unificación de su país a mediados del XIX; eso de que el nuestro es el país más fuerte del mundo, dado que lleva siglos queriendo destruirse sin conseguirlo.

Se me ha venido a la cabeza la frase reflexionando sobre las insulsas sorpresas con las que la política nacional nos viene intentando captar estos días previos a una campaña electoral que, aunque se presupone más corta – por profilaxis electoral-, me temo que se me va a hacer muy muy larga. Más de lo mismo de siempre.

Y digo yo que, si vamos a seguir con la autodestrucción, lo menos que podíamos pedir a nuestra clase política, que dirige o pretende dirigir la orquesta, es una chispita de originalidad. Quienes estamos llamados a depositar nuestro voto —porque sí, hay que votar— tenemos un claro desencanto y un hartazgo de peso que ya se manifiesta, por ejemplo, en la masiva solicitud ciudadana para que no nos inunden los buzones con propaganda electoral.

¡Cómo van a ponerse de acuerdo en decisiones de trascendencia si no son capaces ni de acordar la reducción del gasto electoral!

Sería de chiste si la cosa no fuera tan seria. Y claro, como no somos nada originales, nos ceñimos al guion de atacar los símbolos y la Guerra Civil sigue siendo una fuente inagotable de recursos. Suficientemente lejos pero tan cerca. Y así, a las Trece Rosas les han sacado a relucir las espinas acusándolas de “torturar, asesinar y violar vilmente”, para enzarzarnos en una discusión absurda, con airadas defensas y negaciones de lo obvio en un contexto de Guerra Civil que no aportan nada pero que ocupan mucho en precampaña y ganan adeptos fáciles en uno y otro espacio.

Personalmente, creo que apelar a lo sucedido hace 80 años es pura cobardía cuando éste es exactamente el momento de ofrecer soluciones a la sociedad del presente y del futuro. No me entiendan mal. Es evidente que como sociedad es necesario cerrar un pasado aún reciente cuyas historias, familias, continúan con su dolor presente; pero a unas semanas de decidir mi voto, me gustaría conocer qué me proponen para ganar mi confianza.

Este verano, en el que se conmemoraba el 75 Aniversario del Desembarco de Normandía, he tenido ocasión de visitar el norte de Francia, las playas en las que se desarrolló y los cementerios de soldados americanos y alemanes que acoge el suelo francés.

En uno de los vestigios, las Baterías de Azeville pueden contemplarse las imágenes de soldados franceses y alemanes que estuvieron allí, en uno y otro lado, como invasores y defensores con las leyendas de los textos en alemán y en francés; y tampoco se esconden la historia de los daños colaterales del desembarco, los miles de civiles franceses que murieron como víctimas de esos bombardeos e incursiones.

No sé si hacer algo semejante sería la forma correcta de afrontar esa parte de nuestro pasado, seguro que en esto también inventamos una versión española; pero sí sé que tenemos derecho a ver pospuesto este debate hasta después de las elecciones. Les quedan cuatro semanas.

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