El reciente acuerdo impuesto por Izquierda Unida, la marca del Partido Comunista de España (PCE), a la militancia de Podemos Andalucía que, generosamente apostó en la consulta por un proyecto electoral amplio para las elecciones autonómicas de 2026, ha expulsado a Podemos del marco institucional andaluz. Los datos objetivos y la experiencia histórica permiten analizar las consecuencias estratégicas de esta decisión que dibuja sus propios límites electorales y de futuro.
Podemos Andalucía movilizó a 5.332 personas inscritas en su última consulta interna para alcanzar un acuerdo amplio entre la izquierda andaluza. La participación, en un contexto de desmovilización general, demuestra capacidad de convocatoria orgánica. El PCE cuenta, según sus propios datos públicos, con 7.713 militantes en todo el territorio nacional. No existe desglose oficial por comunidades, pero fuentes internas sitúan su presencia andaluza por debajo de las 2.000 personas militantes. Estos datos indican que Podemos Andalucía no solo casi les triplica en número de afiliados y afiliadas en Andalucía, sino que, en una sola consulta interna, el volumen de participación es equivalente a más del 80% del total de militantes del PCE en España. Esta realidad explica la negativa sistemática de PCE-IU, a celebrar primarias abiertas en la coalición.
La historia, en momentos como los que hoy se viven que tienen como finalidad destruir a la formación morada, encuentra un correlato histórico en el episodio de las Horcas Caudinas (321 a.C.). En este sentido, la ciencia política, ha analizado casos similares al que nos ocupa y concluye en que la imposición de una derrota con componentes de degradación sobre un actor político con base social activa no produce su desaparición, sino su reorganización autónoma para preservar su proyecto. El acuerdo andaluz, al marginar a Podemos Andalucía pese a su peso real en términos de la historia reciente y de movilización orgánica, incurre en un error estratégico estructural. La literatura especializada indica que este tipo de exclusiones unilateralmente impuestas genera, a medio plazo, una erosión de la legitimidad del acuerdo, cuyos costes recaen únicamente sobre el actor excluyente, al perder el acceso a los activos políticos (motor político) y de memoria social que aportaba el excluido.
Al excluir a la fuerza con mayor base social movilizable (no confundir con movilizada), el pacto carece, dada su propia configuración, de credibilidad política real en el espacio de la izquierda andaluza, la humillación genera dinámicas de no retorno. Excluir a Podemos Andalucía de la posible representación institucional puede interpretarse como un “pan para hoy y hambre para mañana”, dando la sensación de haber ganado una batalla táctica, sin embargo, los datos objetivos y la experiencia histórica indican que esta victoria pírrica contiene las semillas de su futura irrelevancia. Podemos Andalucía, por su parte, cuenta con los recursos políticos para resistir y reconstruirse, aunque deberá articular una estructura territorial federalizada efectiva para mantener viva su base orgánica.
