Une y vencerás

Ni el miedo ni el pan o el circo deberían impedirnos ver la realidad y desviarnos de nuestro objetivo social: defender nuestros derechos

Manifestación del Primero de Mayo en Sevilla, el año pasado.
01 de mayo de 2026 a las 09:32h

La vida pende de un hilo, de una palabra: unir o dividir. Pende de un instante de furia y valor. Nos hemos criados con el mantra de divide y vencerás y por estas dos acciones hemos sido arrastrados. ¿quién puede rebelarse ante la fuerza suprema? Asumir este pensamiento como verdad es la victoria del fuerte y la resignación del débil. Es una forma de morir viviendo día a día en un orden social que solo beneficia al mandamás, y en el que el mandado cree que, si se somete, no corre peligro, amparado por un virgencita, que me quede como estaba.

Aunque en ocasiones un grupo de resignados se bate en su propio miedo y le planta cara al destino, a la fuerza suprema. Es lo que ocurrió en mayo de 1886 en Chicago. Los obreros de esta ciudad industrial se manifestaron para reclamar la jornada laboral de ocho horas que desde 1868 había quedado fijada por la ley Ingersoll, pero que ningún Estado respetaba. Una reivindicación que era toda una filosofía de vida: «Ocho horas para el trabajo, ocho para el sueño y ocho horas para la casa». Trabajar, descansar y tener vida propia. Justicia para vivir como seres humanos, no pedían nada más ni nada menos.

La historia nos ha enseñado que la clase trabajadora ha de luchar para no ser pisoteada. Todos aquellos 1 de mayo que nos han precedido han servido para recordar que si no lloras no mamas, que los derechos son el resultado de una conciencia obrera trabajadora y que no nos serán concedidos si seguimos la senda marcada por quien ostenta el poder y acapara la riqueza. La clase trabajadora, que es la inmensa mayoría de la humanidad, ha de luchar por la justicia y contra la avaricia de esa cada día más pequeña clase privilegiada en quien se concentra la riqueza y el poder efectivo.

La crisis actual y el resurgir sin complejos de la ultraderecha nos ha quitado la venda que cubría nuestros ojos: no hay obreros y clase acomodada cada uno por su lado y, menos aún, debemos estar enfrentados. Casi todos somos trabajadores que dependemos de los vaivenes y designios de las grandes empresas. Trabajadores autónomos o empleados que nos enfrentamos a los mismos obstáculos y que deseamos lo mismo: ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para nuestra vida. Defender los derechos de los trabajadores, siendo autónomo, obrero o funcionario, es unirnos para acceder todos a una vida digna y justa.

Alzar la voz al unísono, sumando las voces. Ni el miedo ni el pan o el circo deberían impedirnos ver la realidad y desviarnos de nuestro objetivo social: defender nuestros derechos. Unidos venceremos. El 1 de mayo sigue vigente.