Torres Sevilla: cuánto cuestan las tonterías

"El espacio no es un objeto científico eliminado de la ideología o de la política; siempre ha sido político y estratégico" Henri Lefebvre

03 de enero de 2026 a las 17:54h
Torre Sevilla, vista desde el centro.
Torre Sevilla, vista desde el centro. MAURI BUHIGAS

Las dinámicas del capital financiero contemporáneo pueden analizarse sin recurrir a juicios morales, atendiendo únicamente a sus efectos materiales y sociales. La lógica de la inversión busca rentabilidad y valorización del activo, con independencia de los impactos territoriales o sociales que se deriven de ella. En este marco, resulta pertinente examinar determinadas decisiones urbanas a la luz de las alternativas que quedaron descartadas. En Sevilla, la construcción de la conocida Torre Pelli, hoy Torre Sevilla, constituye un ejemplo significativo. El rascacielos fue promovido inicialmente por una caja de ahorros y posteriormente heredado por el sistema bancario tras los procesos de fusión. El coste final de construcción de la torre se sitúa en torno a los 305 millones de euros, cifra que asciende a aproximadamente 320–325 millones si se considera el conjunto del complejo inmobiliario. Años después de su finalización, el valor de mercado estimado del activo se ha situado en una horquilla de 130–140 millones de euros, lo que refleja una importante pérdida patrimonial.

Más allá del debate arquitectónico o simbólico, el análisis adquiere relevancia cuando se compara esta inversión con otras posibles asignaciones de recursos. En la España actual, el coste total de construcción de una vivienda social, incluyendo obra, proyecto técnico, tasas e impuestos, se sitúa entre 110.000 y 125.000 euros por unidad, según datos de mercado y experiencias recientes de promoción pública. A partir de estas cifras, el contraste resulta evidente. Con 218 millones de euros, una cantidad inferior al coste total del rascacielos, podrían haberse construido entre 1.700 y 2.000 viviendas sociales. Si se toma como referencia el coste total de la Torre Sevilla, el número potencial de viviendas se eleva a entre 2.400 y 2.700 unidades. Se trata de un cálculo estrictamente aritmético que permite dimensionar el coste de oportunidad de determinadas decisiones de inversión.

Este contraste es especialmente relevante en un contexto marcado por la dificultad de acceso a la vivienda, especialmente entre los jóvenes, la precariedad laboral y la inflación de la cesta de la compra. La literatura sociológica ha subrayado cómo la movilidad del capital y la reestructuración económica afectan a la estabilidad vital, al tejido comunitario y al bienestar psicosocial de las clases populares, sin que estos efectos se reflejen necesariamente en los balances financieros. La Torre Sevilla, en este sentido, puede interpretarse como un caso de estudio sobre las prioridades urbanas y financieras de una etapa concreta. No se trata solo de cuestionar la legalidad del proyecto, ni su racionalidad interna desde el punto de vista financiero, sino de situarlo en una comparación más amplia con las necesidades sociales existentes y las alternativas de inversión disponibles, teniendo en cuenta que las cajas de ahorro gestionaban recursos financieros de naturaleza para-pública, legalmente vinculados a fines de interés general, entre ellos la vivienda social, y no capital privado libremente invertible.

La discusión de fondo no es técnica, sino política y económica, qué se considera inversión estratégica, qué se define como gasto, y quién asume finalmente los riesgos y las pérdidas cuando las expectativas financieras no se cumplen. En esa decisión se juega, en buena medida, el modelo de ciudad y de sociedad que se construye. Las cajas de ahorro sevillanas, posteriormente vendidas a La Caixa, perdieron 218 millones de euros en un rascacielos para el que no estaban legalmente facultadas para invertir y que nunca debió construirse. Con esos 218 millones de euros podrían haberse construido cerca de dos mil viviendas sociales en Sevilla, una inversión para la que sí estaban facultadas las cajas de ahorro, según su reglamento y la legislación vigente.

En su momento, cuando el proyecto aún era solo una propuesta, lo denunciamos plataformas ciudadanas y ecologistas ante el Banco de España y la Junta de Andalucía. Nadie hizo nada. Y todo esto fue bajo mandato socialista en Andalucía, Sevilla y España. De esta forma podemos ver cómo las semillas plantadas por un PSOE que ya había asumido parte del discurso neoliberal han servido luego para la recolección de la nueva derecha. De esos polvos vienen estos lodos… Ahora toca el rechinar de dientes, pero y es tarde. Así se comprende la vibesección social y por qué el malestar persiste a pesar de las buenas cifras macroeconómicas.

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