'Las edades y la muerte' (Hans Baldung Grien).
'Las edades y la muerte' (Hans Baldung Grien).

El tiempo es el medioambiente de la vida decía María Zambrano, indicando con esta certera declaración el papel del tiempo en el fluir de nuestros días, lo cotidiano y lo extraordinario son temporalidades diferentes para la vida humana, pero tiempos ambos para la vida; al fin y al cabo, el tiempo es su contexto de crecimiento.

Nadie salvo los seres humanos tienen conciencia del tiempo, al menos hasta donde de momento sabemos, y si hay algo que pienso que ha sido relevante en estos días de confinamiento prácticamente absoluto, ha sido la manera en la que nos hemos apropiado de nuestro enajenado tiempo.

Nos hemos reconciliado con la posibilidad de hacer para nosotros aquello que teníamos siempre aplazado y que los tiempos de la normalidad no nos habían permitido.

Casi siempre había algo que hacer con el tiempo y éste siempre nos imponía sus requerimientos habituales, incluso en el tiempo de ocio había un componente de vértigo que nos empujaba a alguna obligación por lúdica que esta fuera. Tiempo dividido era entonces. Fragmentado.

Estos días hemos podido tener el tiempo total para lo que quiera que hiciéramos; tiempo completo.

Claro que con las limitaciones de estar obligados a permanecer dentro de casa, lo cual le otorga otro componente espacial que no deja de tener también aíres de reconciliación con el espacio más nuestro e íntimo, por lo tanto, desde Einstein, con nuestro tiempo también.

En las colas se espera con calma; dejar de medir el tiempo es quitar de en medio una de las tiranías más definitivas de nuestros tiempos, la tiranía de la velocidad absoluta que diría Virilo.

Es una pequeña liberación para quienes han tenido una situación de básica seguridad y mínima y razonable tranquilidad, sin grandes contratiempos para cubrir de momento las necesidades más básicas.

Por otro lado, se han incrementado significativamente la presencia de la Filosofía en medios de todo tipo mediante entrevistas, declaraciones, testimonios y debates que han inoculado otra vivencia del tiempo, otro tiempo de la vida como vida pensada, reflexionada, saber que la experiencia así sin más, no es suficiente, que es necesario situar esas experiencias en un pensamiento más allá de los expertos y el pragmatismo automático, trascenderlos y encontrar horizonte, significado a este descalabro. Contextualizarla y poner la experiencia en relación es formarnos una idea propia sobre la propia vida, casi sin mediaciones, a solas después de tanto tiempo quizás.

El tiempo vivido es siempre un tiempo pensado más allá del tiempo medido que es el tiempo de la pura cronología y del apresuramiento permanente, esa ansiedad de los tiempos por llegar pronto a ninguna parte.

Seguramente ya nada será lo mismo, hemos tenido una pequeña oportunidad para centrarnos, incluso en la escasez, tal vez darnos cuenta de lo fundamental para una vida.

El tiempo siempre juega en contra y deja claro que la pérdida de las cosas, las amistades y los seres queridos y las capacidades y la juvenil talla que con el tiempo desaparecen, es lo más cierto. De ahí, que como diría Aute, no es cuestión de concederle tiempo al tiempo.

Dice un refrán que el tiempo da y quita razones, pues bien, con el tiempo veremos con mayor o menor fortuna, que esto de las epidemias y otras cosillas han venido para quedarse e irán repitiéndose cada cierto tiempo; y que los cambios que se nos han echado encima de repente, con el tiempo también, irán asentándose para el resto de los tiempos.

Con razón decía María Zambrano que el tiempo es el medioambiente de la vida. A ver qué hacemos con él.

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