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Otro año que se esfuma. Más que el tiempo, somos nosotros quienes pasamos en un viaje vital hacia el polvo y el olvido, si Dios no lo remedia —y aunque lo remedie, debemos dar en eso—. El viaje a ninguna parte, que plasmara Fernán Gómez en una de sus extraordinarias películas, referida a los cómicos de la legua que iban de pueblo en pueblo, malcomiendo gracias a un oficio que era su pasión y su veneno. Al cabo, cada uno interpreta su papel en el gran teatro del mundo y la vida es sueño, por lo que todos también tenemos algo de Segismundo, el príncipe de aquel famoso drama de Calderón.

Del 15 al 17 de este diciembre que finiquita, se ha celebrado en Atenas el II Festival de Teatro Español, que ha contado con el impulso del Instituto Cervantes, entre otras instituciones. Ha estado dedicado a cuestiones de tan desdichada actualidad como la violencia de género, la homofobia, la emigración, el racismo o la pobreza. En la nómina de autores participantes —de toda la geografía española y de los que se han ofrecido una treintena de representaciones—, encuentro a dos vinculados a nuestra provincia: Pepe Caballero Albertos, madrileño afincado en Jerez, y el portuense Juan García Larrondo. La pieza de Caballero se titula El vagón y trata precisamente la violencia de género, aunque, según ha manifestado el propio escritor, le ha puesto un final feliz. Caballero Albertos ha publicado además la obra de teatro Los últimos días de Vlad el Empalador, el personaje histórico que inspiró a Bram Stoker su Drácula, una novela cuya lectura dicen que asustó al mismísimo Fidel Castro. Luis Alberto de Cuenca la considera una de las quince o veinte novelas mejor construidas de las letras universales. No he leído el drama de Pepe Caballero, pero su título me parece sugerentemente estremecedor. También es autor de Euryale, una incursión misteriosa en los mitos griegos.

Por su parte, Larrondo ha visto escenificada una de sus obras más emblemáticas: Mariquita aparece ahogada en una cesta, tragicomedia por la que mereció los premios de teatro Marqués de Bradomín y Kutxa-Ciudad de San Sebastián. El portuense tiene una amplia y laureada trayectoria como dramaturgo. No hace mucho Ediciones El Boletín publicaba su Diálogos, fragmentos y otras levanteras: Teatro y perversos incompletos. En un exordio el autor advierte que durante su periplo “no todo ha perecido en el naufragio ni el viaje ha sido siempre aciago”. Incluso, de un modo optimista, piensa que los aires le han sido con frecuencia más propicios de lo que esperaba y se anima a seguir la ruta hacia destinos, aún ignotos, que confía le sean venturosos.

Así lo esperamos, al menos, particularmente, del nuevo año que entra. Más allá del lugar común de los buenos deseos, es necesaria la confianza en la vida para proseguir la andadura. Que el viaje a la nada sea al todo. Y porque tenemos algo de Segismundo, no viene mal recordar estos versos del gran Calderón de la Barca: “Cuentan de un sabio que un día/ tan pobre y mísero estaba,/ que solo se sustentaba/ de las hierbas que cogía./ ¿Habrá otro (entre sí decía)/ más pobre y triste que yo?/ Y cuando el rostro volvió,/ hayó la respuesta, viendo/ que iba otro sabio cogiendo/ las hojas que él arrojó”.

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