El 3 de mayo se celebra el Día Mundial de la libertad de Prensa. ¿Hay libertad de prensa? ¿Los periodistas ejercemos el ejercicio de informar de forma libre e independiente? ¿Hay periodistas que anteponen su ideología, antes que ofrecer una información veraz a los ciudadanos, como es su responsabilidad y obligación? La Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) emitió un comunicado en el que defiende el periodismo como pilar fundamental de la democracia y pide acabar con la crispación y la polarización política que fomentan los bulos y noticias falsas. La FAPE reclama el derecho a la información veraz para combatir la desinformación y denuncia a aquellos agitadores que disfrazados de periodistas, coaccionan, agreden y buscan el enfrentamiento.
La filósofa y pensadora Adela Cortina (Valencia, 1947), autora de Aporofobia, el rechazo al pobre, señala que "la prioridad nacional —que defiende la ultraderecha— es una barbaridad", aunque cree que se debería haber abordado la regularización de inmigrantes de forma ordenada y serena, cuando la Inicativa Legislativa Popular llegó al Parlamento hace dos años. También nos dice la pensadora valenciana que "necesitamos periodistas profesionales para extender la libertad y el conocimiento", y añade: "El periodismo es imprescindible, forma conciencias, y eso la IA nunca lo tendrá".
En la Facultad de Periodismo estudiamos entre otros y otras, la figura de Mariano José de Larra (Madrid, 1809-1837), quien dejó una frase en 1836, para aquel presente y para la posteridad: "Escribir en Madrid es llorar". Fígaro denunciaba la imposibilidad de cultivar un periodismo libre y de calidad ante un público inculto y una sociedad censora y asfixiante. El periodista y escritor polaco, Ryszard Kapuściński (1932-2007), nos alertó: "Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante", y nos dejó otra perla: "Para ser buen periodista hay que ser buena persona".
Vemos peligrar la democracia
Vivimos en un tiempo, primer cuarto del siglo XXI, en el que se ha puesto de moda decir: "La pantalla que viene, pasemos a otra pantalla", como metáfora de pasemos a otra cosa, a otro contexto. Yo me pongo en modo pantalla aquí y ahora, y me apetece escribir sobre la explosión primaveral de mayo, el mes de las flores, el mes de María, se decía antes.
El primer domingo de mayo celebramos el día de la madre, eso si que es grande, festejar, felicitar y si tenemos la suerte de tenerla todavía con nosotros, visitarla, acompañarla, besarla, agradecerle todo lo que hace o ha hecho por nosotros desde que nacimos de su vientre y vimos la primera luz y oímos los primeros sonidos familiares, cercanos, después de permanecer meses en el vientre de la madre sin oír la voz humana, ¿O acaso si oye el nasciturus la voz de la mamá cuando le habla en el embarazo? Estoy hablando de personas fundamentales en la vida, como son las madres, son lo más, ellas son imprescindibles, pero estando muy agusto en esta pantalla, el cuerpo, el cerebro, los sentimientos y las emociones me impelen a pasar a otra pantalla, que polariza la atención de los medios de comunicación, y de buena parte de la sociedad y nos sitúa en un escenario en el que vemos peligrar la democracia.
Me refiero a la política. En la pantalla me aparece una frase: "No respondas con insultos a quien te insulta", "Trata de responder con la verdad a quien miente y difama, a quien provoca, insulta e injuria". Desde hace años, vivimos en una situación política deleznable. En la cámara de representantes, en la sede de la soberanía nacional, se supone que se deben de guardar las formas debidas de cortesía, educación y respeto, pues, lo que los ciudadanos vemos a través de la televisión, al escuchar la radio, o leer los periódicos, es el comportamiento de los representantes del pueblo elegidos en las urnas; pues no señor, a veces las sesiones parlamentarias son un pandemonium.
Para ser un buen periodista, es necesario ser buena persona
Y los medios reproducen en titulares, las barbaridades y los insultos que allí se profieren, en vez de destacar las propuestas de los grupos para mejorar la vida de los españoles. En los medios tradicionales es donde, desde que yo estudié periodismo, se trataba de ofrecer en base a la libertad de prensa, una información veraz, contrastada, consultando varias fuentes para acercarnos a la verdad, y no lanzarse al monte y publicar una barbaridad que nos llega por fuentes no documentadas o sospechosas de manipular y desinformar, como vemos que ocurre con frecuencia en las redes sociales, o que provienen de gabinetes reincidentes en mentir y desinformar, pongo de ejemplo a alguien que pasa por periodista, pero más bien se especializó en publicidad y propaganda, y que en la profesión se le conoce como MAR.
Hay otro personaje que se ampara en esta bendita profesión, para hacerla maldita y repugnante que responde a las iniciales, VQ. Estos y otros individuos de diferentes medios, que infectan con sus desinformaciones, mentiras y manipulaciones, la bella vocación del periodismo y la libertad de prensa en un estado democrático, son responsables en parte del deterioro de la convivencia social. Si quienes nos consideramos periodistas, no buscamos informar con veracidad y con rigor a la ciudadanía, no somos buenos periodistas, ni buenas personas, como decía Kapuściński.
Porque para ser un buen periodista, es necesario ser buena persona, y vemos que en esta profesión, hay personas y profesionales que ensucian y envenenan la paz social con sus mentiras y desinformaciones, son malas personas. Todo empieza con aquellos políticos, que en vez de dar ejemplo de educación, de rigor, de seriedad y de defensa de la verdad, hacen todo lo contrario, mienten, manipulan, insultan, en vez de hacer propuestas serias para mejorar las condiciones de vida de los españoles. Y conviene diferenciar, porque no todos y todas son iguales, no caigamos en la descalificación general, que está de moda, fijese bien, en lo que dicen unos y otros, en el odio que destilan algunas intervenciones, y en la mesura y el respeto de otras, y verá la diferencia.
Cómo creer en la Justicia
Y luego está la Judicatura. ¿Qué ejemplo de independencia nos dan aquellos jueces, cuyas instrucciones son sesgadas, parciales e ideológicas, lejos de la responsabilidad y la obligación de un juez, o jueza, de buscar la verdad y contemplar la presunción de inocencia? ¿Qué ejemplo para los estudiantes de Derecho y para la ciudadanía en general, nos dan esos jueces? ¿Cómo vamos a creer en la Justicia, como el tercer pilar de un sistema democrático sano y libre? Recordemos: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
Y el llamado cuarto poder, la prensa, los medios de comunicación, los periodistas, ¿estamos cumpliendo con nuestro deber de informar con rigor y veracidad? O nos dejamos llevar por esos aprendices de brujo que se presentan como periodistas, siendo embaucadores y profesionales de la provocación, de la mentira y de la violencia. Decía Kapuscinski: "Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante".
Creo que estamos en esto. Y cuando uno se aleja de la verdad, todo lo que viene es destrucción de las más elementales normas de respeto y de convivencia. Emulando a Larra, hoy, escribir en Madrid y en España, para algunos que se autodenominan periodistas, es mentir, es difamar. Una ciudadanía culta y bien informada debe saber separar el trigo de la paja. En el día de la libertad de prensa, denunciemos a los farsantes que tratan de destruir la paz y la convivencia entre los ciudadanos.


