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Me había excedido en el trabajo, me había tragado el cuento enterito, trabajar para cualificarse, trabajar para prosperar y si no funcionaba esforzarme más y más.

"El gerente ha tenido muchas manos izquierdas y derechas, para que nadie se acomode, para que ninguno se considere libre de caer. Pero lo de usted es diferente, nunca tuvo oportunidad de ascender. Todos sabíamos que duraría mientras aguantase la tortura, siempre estuvo de más. No sabía cómo hacer para que se le hinchase el plumón del pecho”. Esas fueron las palabras de despedida de la conserje mientras me ayudaba a llevar mis cosas al coche. Así se resumían mis últimos diez años de trabajo.

Me sentía tan estúpida por no haber sabido ver lo que todos veían que no conseguía alejar la retahíla de mi mente. Recogí los platos de la cena y los puse a lavar. Quité la tapa de un yogur, cogí la cucharilla del cajón y me lo llevé a la terraza. Mirando pasar los coches pensaba en que debía estar aterrada por quedarme en el paro con dos niños pero lo que me atormentaba era haber aguantado tanto.  

Después de saber cuánto me duraría el subsidio, me di una vuelta por el centro. Encontré a una antigua amiga desayunando en un café, se alegró mucho de verme y no me dejó marchar sin que acordásemos un encuentro. No pude recordar la última vez que había quedado con alguien. Me había excedido en el trabajo, me había tragado el cuento enterito, trabajar para cualificarse, trabajar para prosperar y si no funcionaba esforzarme más y más, como si estuviera haciendo una y otra vez un examen que no conseguía aprobar. La vida no iba de eso, la realidad va de medrar construyendo el ego del de arriba. Hay algo que tu jefe nunca te consentirá y será que le recuerdes constantemente su mediocridad, cuando él tiene presente cada día cuánto se agachó para hacer grande a sus superiores.

Había tardado una década en aprenderlo. Para celebrarlo compré una cajetilla de tabaco, había dejado de fumar con el primer embarazo, aplasté la colilla cuando vi salir a los niños. A partir de ahora probaría con el azar, mi padre me había explicado el día anterior que sólo había sido mala suerte, cuando me divorcié dijo lo mismo, a ver si a la tercera iba la vencida.

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