Siempre fuertes

Cano y Vero son los padres de Alma, una niña guapísima de tres años a la que, por infortunios del destino, le ha alcanzado la pequeña C.

Uno de los juguetes de Alma.
Uno de los juguetes de Alma.

Después de hablar con mi amigo Cano me dispuse a escribir un artículo en el que explicar su caso y el de miles de padres en España que, a pesar de todo, mantienen la fuerza y la vitalidad. Iba a esforzarme para desplegar mi mejor prosa y vocabulario; algo útil, bonito y emotivo, pero no ha hecho falta. Cano tiene una filosofía de vida con la que se pueden escribir libros enteros; y él me dio dos o tres frases para enmarcar, lo entenderéis enseguida.

Cano y Vero son los padres de Alma, una niña guapísima de tres años —cumplirá cuatro en noviembre y uno más cada noviembre— a la que, por infortunios del destino, le ha alcanzado la pequeña C. En algunas series lo llaman la gran C, pero como ella es chiquitita, lo llamo así. Ya sabéis a lo que me refiero.

Siempre he admirado a las personas que no pierden la alegría bajo ningún concepto, pero en estos casos es heroico. “Tío, me alegro de que sigas igual, siempre con la sonrisa en la boca”, le dije; “Es que no puedo permitirme el lujo de perder la sonrisa”, me respondió. Es tan grande esa frase que la voy a escribir otra vez: “No puedo permitirme el lujo de perder la sonrisa”. Cano y Vero hacen mil cosas por su hija, una de las más importantes es crear un entorno feliz para Alma. “Los adultos tenemos la desventaja psicológica, pero un niño, si no tiene dolor y sus padres están felices, tira p'alante”. “Es nuestro trabajo”, puntualizaba Cano —eso y vender unas preciosas pulseras que les están ayudando a costear gastos externos al tratamiento. Abajo os digo cómo ayudar—.

Cano, con todo el cariño de mi corazón, está majara perdío. Es de esos tíos con los que te tienes que reír por cojones. Y mantiene la alegría de la planta donde ingresa frecuentemente su hija. A veces un padre tiene menos ganas de proporcionar la medicina tan necesaria para los niños —la actitud de sus padres—, pues él lo compensa. Y cuando él no tenga cuerpo para el cachondeo, otro le tomará el relevo, porque como él dice “somos una familia”; y las familias se ayudan.

Es el trabajo de los padres en estos casos, no derrumbarse ni venirse abajo. Porque tienes que ser un ejemplo para tus hijos. Es sorprendente la cantidad de familias que se encuentran en la misma situación. Todas luchando y viendo minadas sus fuerzas según qué días; y viendo minados sus ahorros, porque, a pesar de los saqueos de los políticos, la sanidad funciona y los profesionales se comportan. Pero nadie habla del coste de los desplazamientos y alojamientos si el centro está a 100 km. de casa. Nadie habla de que hay mucha gente que tiene que disminuir su actividad laboral, suspender la búsqueda de trabajo o incluso dejarlo. Porque cómo bien dice el dicho: “El tiempo es oro”; y ahora tu tiempo tienes que invertirlo en tu familia, en darle la mano a tus hijos, no tienes que vendérselo a una multinacional. Es que no puedes. NO PUEDES. Y de repente, si no tienes un capital en el banco, tienes un segundo problema. Eso me dijo Cano: “Yo no quiero tener un segundo problema”. Un término tan sencillo como impactante, “un segundo problema”. Donde tú y yo creemos tener cientos de problemas, estos padres, miles de ellos, tienen un problema, sólo uno. Y como mucho dos.

Algo falla cuando una familia puede verse en apuros para salvar a los suyos. Hay fundaciones, centros y ayudas que pueden facilitarte las cosas, pero ni son eternas ni están en todos lados. Y los recursos se acaban y llega el segundo problema. Es demoledor. Algo falla cuando esa lotería, que toca demasiado, puede destrozarte económicamente pero casi nunca espiritualmente. Porque no son padres, son héroes, manteniendo la postura con los brazos en jarra y la capa al viento. Todo por la felicidad de sus hijos. Siempre fuertes.

Si queréis ayudar, estoy recaudando fondos en mi Paypal para los gastos derivados del tratamiento de Alma, porque cómo algunos sabéis, me muevo medio bien en redes sociales. Gente de toda España, que han conocido el caso a través de mi Twitter, han colaborado, en principio con un euro y el que pueda con más, con más. A pesar de los últimos casos de estafadores desalmados, hay gente buena que confía y quiere que padres como los de Alma no tengan ese segundo problema. Si vivís en Jerez y algún día nos vemos, puedo conseguiros una pulsera, pero si os vale con llevarla en vuestros corazones, podéis dejar un euro o más pinchando aquí. Si queréis donar más, sólo tenéis que cambiar la última cifra del enlace. Recaudando yo el dinero de la gente a la que pueda movilizar, le quito un dolor de cabeza a la familia de Alma.

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