Sexo

Dos personas en una cama.

Sin duda una de las palabras con la letra ese más añorada por todos y todas es SEXO: Sex and drugs and rock and roll / is all my brain and body need —que nos decía en su famosa canción setentera Ian Dury y los Blockheads—. Magnificada o no, es la palabra más buscada en el templo de San Google. Recordarán aquella frase de Woody Allen en El Dormilón, “el cerebro es mi segundo órgano favorito”, aunque en el fondo sea todo una simple cuestión de gametos y de la división genética (meiosis) que hacen posible la reproducción y la persistencia de la especie.

La historia está llena de violencia con relación a la sexualidad y a comportamientos machistas de maltrato. También se ha reprimido, como en tantas cosas, la disidencia en la ortodoxia binaria (al fin y al cabo, otra forma de violencia) y ya en pleno siglo XXI distinguimos entre el sexo, que viene determinado por la naturaleza, y el género, que se aprende, y puede ser educado, cambiado y manipulado, en definitiva construido en sociedad, por ello el género es exclusivo de animales con pensamiento abstracto.

Afortunadamente la igualdad de géneros nos ha hecho más iguales, no solo en derechos, sino en atributos, ya nadie debiera pensar, en una sociedad libre, que cada género tiene unos roles sociales determinados, que vestirse de tal o cual manera o estar adscrito a una serie de características (sensibilidad, fortaleza, o gustos) es de hombres o mujeres. Queremos y añoramos una sociedad de personas donde no seamos discriminados laboralmente, donde ni si quiera el lenguaje nos encasille. También necesitamos una sociedad donde sexo y sentimiento puedan estar también desasociados, una sociedad sin tabúes donde se pueda hablar de la sexualidad de una manera tan libre que no nos haga sentir incómodos, que el sexo sea sinónimo de felicidad, de placer y nunca de violencia ni de discriminación: ¡disfruten!

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