Esta ha sido siempre la estrategia del PP y sus derechas, producir una sensación de caos en la sociedad para que los miedos hagan temblar a la población. Quien advirtió que el caos nos destruiría se hará, entonces, con el respaldo social para ocupar el poder. Esta ha sido la estrategia desde que el Gobierno de coalición llegó al poder y esta estrategia se intensificó, terriblemente, con la llegada de la pandemia.
El hecho, simbólico pero real, de que los negacionistas se reúnan en la Plaza de Colón, de Madrid, donde se alcanzó el acuerdo social de las derechas, extremadas y extremas, para oponerse al Gobierno legítimo de España no es casualidad. No deberíamos olvidar el negacionismo alimentado por Pablo Casado para intentar derribar al Gobierno: “Sánchez se refugia en la Ciencia”.
Al positivo y con enfermedad de Ortega Smith, que incluso tuve que volver de urgencia al hospital, tras superar en primer término al Covid19, se opone el positivo y sin enfermedad de Díaz Ayuso, que afortunadamente le permitió seguir ocupando los famosos apartamentos de la discordia. Luego, sobre la eficacia de sus políticas la cosa es otro cantar. Pasó, en pocas semanas, de zaherir al Gobierno en cada tercera palabra que pronunciaba y exigirle sus competencias autonómicas a renunciar a sus competencias autonómicas y exigir al Gobierno que gobernara centralizadamente. Sus compromisos de contratar a rastreadores para actuar preventivamente contra la pandemia no se han cumplido todavía, a pesar de haber desplazada su responsabilidad a las empresas privadas, que para ella son la panacea universal, parecería que incluso más que la vacuna.
En todo esto Pablo Casado y su PP presionó hasta la extenuación al Gobierno, con los empresarios de su lado, y el resto de las derechas, para olvidarse de las fases de desescalada y abrir inmediatamente la economía. Al mismo tiempo que su buenismo populista le permitió exigirle al Gobierno central, en el mismo párrafo, test para toda la población, algo que cualquiera sabe que era y es imposible. Curiosamente los estándares de exigencia hacia el Gobierno de la Comunidad de Madrid parecen no existir, porque está gobernada por su propio partido.
La Comunidad de Madrid, mientras tanto, no cumple son sus propios compromisos y deja, luego, en manos de empresas privadas lo mismo que la propia Comunidad de Madrid hubiera podido hacer pero a tiempo para frenar el enorme rebrote que ya es Madrid.
Críticas al sistema institucional
Se vuelve, ahora, a insistir en la radicalización de la política española, algo para lo que siempre ha trabajado el PP desde los recordados atentados de Atocha. Precisamente es el todavía vigente sistema bipartidista el que institucionalmente, y desde la cultura política que ha desarrollado, permite la exasperante polarización política en España. La falta de desarrollo del sistema autonómico ha dado el resto. Pero miremos a Alemania y veremos que el problema no está en el sistema institucional. El primer problema sigue siendo el desarrollo pigmeo del sistema nacional de salud en España. El segundo, seguramente, la cultura social y política. España sigue siendo un país gobernado desde la cúspide inalcanzable, muy vertical, y Alemania, con todos sus defectos, no pocos, es un país mucho más horizontal en su vida política y social.
La Ciencia
Tantos y tantos entre los negacionistas utilizarían el apelativo de chisgarabís a quien mezclara, en la misma plaza, el 5G y los virus con todos los demás ingredientes, uno de los más destacados el antivacunas. Su falta de coherencia es notable, pero no nos va a servir de nada ignorarlos. Es fundamental no ahorrar en argumentos y en una retórica que, de una vez por todas, aúne a la mayoría de la sociedad en torno al sentido común.
Ciencia es, en alemán, Wissenschaft, que significa el proceso para alcanzar conocimiento Wissen schafen, y no Wissen haben, que sería tener el conocimiento. Este proceso de comprensión de que la Ciencia no lo sabe todo sino que la Ciencia busca y encuentra o no, experimenta y no consigue, se bloquea, fracasa, decepciona, lo vuelve a intentar y lo consigue por fin. A este proceso no estamos acostumbrados porque el periodismo y la divulgación sobre Ciencia no ha querido comunicarnos que lo científico funciona así.
En España sigue vigente el endiosamiento excesivo de las Ciencias naturales como indiscutibles y exactas, sobre todo la medicina. Es uno de los resultados del positivismo patrio, y que no cuadra con el proceso que la Ciencia es: buscar conocimiento para tenerlo, con muchos errores y también aciertos hasta conseguir ese conocimiento. Hemos perdido muchos meses porque hemos renunciado a trabajar por una cultura para la pandemia, para desarrollar programas y elementos que nos ayuden a vivir racionalmente con la pandemia. Desde 2008, al menos, las pandemias están llamando a nuestras puertas y esta vez han tomado nuestra casa. No va a ser la última, sino solo la primera. Debemos desarrollar una cultura higiénica de pandemia, también urbanísticamente, alimentariamente y políticamente. El turismo y el ocio no se escapan tampoco.
