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En un momento en el que la lógica que impera es la del individualismo, que a menudo cruza la línea al egocentrismo, y en una sociedad donde ser mejor significa tener más, se hace necesaria una llamada a la cordura, a la empatía y a la solidaridad. Y es entonces cuando desde Cáritas animamos a ser parte, a unirnos para, juntos, encontrar la solución contra la pobreza. ¿Utopía?, no; certeza de que un futuro mejor es posible y factible, sí.

Cuando hablamos de pobreza nos referimos a esa palabra que asusta y que conmueve, que resuena tan grande en nosotros y que a la vez engloba a todas esas personas tan pequeñas que se ven excluidas del sistema. Una palabra que, en la mayoría de las ocasiones, se asocia con números, con cifras y con euros pero que, sin embargo, engloba muchos tipos de carencias y debilidades. Desde Cáritas llevamos años trabajando para hacer comprender que la pobreza no consiste sólo en necesidades primarias de alimentación y sustento. Significa también ausencia de lazos familiares y vínculos sociales, de salud y bienestar, de oportunidades laborales, de calidad de vida, de educación… Porque, "no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt. 4,3-4). En definitiva, carencias que, aunque invisibles, no se solucionan teniendo el estómago lleno.

No comprender qué implica realmente el concepto de pobreza provoca, demasiado a menudo, que se den respuestas y soluciones insuficientes e ineficientes. Se pone el parche sin mirar en profundidad el daño y, por supuesto, las causas. Todo ello, en ese afán por hacer y producir, por seguir sumando, pero con ausencia de un objetivo real o al menos realista. Y ahí radica el error: en querer ayudar a personas, cuyos cimientos son arenas movedizas, ofreciendo un sólo punto de apoyo, con una mirada sesgada y donde el centro es mi realidad, en lugar de la suya. Craso error.

Por ello, en Cáritas hablamos de “promoción integral de la persona” o hacemos referencia a “un itinerario completo y personalizado”. Y es nuestra máxima en el trabajo que, desde hace años, llevamos a cabo en tantas áreas siempre con los últimos, que son “nuestros primeros", como punto de partida. Esas son las cifras que arrojan nuestras memorias anuales, en las que hay una alta inversión, es innegable, en satisfacción de necesidades primarias, pero también en escucha y acompañamiento, así como en formación para el empleo y en iniciativas de economía social.

Ante esta situación, desde nuestra entidad, animamos a la ciudadanía a abrir los ojos y el corazón. Y no hace falta empezar por hazañas, ni pensar que podremos cambiar de un plumazo este modelo que tantas personas se lleva por delante, pero sí podemos empezar por pequeños gestos. Porque el rasero nunca será la cantidad, sino la calidad. No es momento de rendirnos ni de ceder ante la comodidad de que la meta es demasiado ambiciosa, ni culpar al otro sin asumir un papel activo en esta tarea.

Artículo escrito por María José Orellana, responsable de comunicación de Cáritas Diocesana de Asidonia-Jerez.

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