Cerdos ibéricos en montanera en la comarca de Los Pedroches.
Cerdos ibéricos en montanera en la comarca de Los Pedroches. CEDIDA

“La crisis actual puede lograr que nos unamos todos al mundo rural”

Las dehesas presentan un ejemplo de explotación racional de recursos en ambientes difíciles, limitados por características ecológicas extremas. La estrategia de gestión se basa, no tanto en maximizar, sino en optimizar el aprovechamiento de la productividad del territorio, logrando unos rendimientos sostenidos. Esta optimización se basa fundamentalmente en la diversificación, la complementariedad y la extensificación en la utilización de los limitados recursos naturales.

Su importancia económica y social, tanto por la extensión superficial que abarca, como por la función de fijación de población rural en sus núcleos, reduciendo el flujo migratorio y sus lógicas consecuencias (envejecimiento, incremento de tasas de mortalidad, reducción de tasas de actividad, abandono de explotaciones, etc.) en unas zonas que podríamos denominar “marginales”, tanto por su limitada vocación agraria (derivado de la pobreza de los suelos), como por la inexistencia de un tejido industrial, que se reduce a industrias agroalimentarias aisladas y de reducida capitalización.    

En general, la sociedad piensa en la dehesa como el lugar de donde proviene el jamón de calidad. Pero conoce poco o nada cuáles son las características que la diferencian como sistema agrosilvopastoral de producción extensiva de los sistemas ganaderos “convencionales” o “industriales”. Así, la sociedad no reconoce el valor de características tan particulares de la dehesa como la utilización de razas autóctonas o de la cría de ganado al aire libre. Tampoco conoce las ventajas ambientales que tiene la dehesa frente a otros sistemas de uso de la tierra como su contribución a la conservación de la biodiversidad o el control de la erosión que ejerce. Mucho menos conoce las amenazas que tiene su desarrollo sostenible. Este desconocimiento es compartido por gran parte de la población, incluyendo la que vive en los pueblos inmersos en las regiones de dehesa, y, por supuesto, por la práctica totalidad de la población que vive fuera de la Península Ibérica.

La superficie ocupada por dehesas como ecosistema arbolado se encuentra en recesión desde hace décadas por diversos motivos. Por ello, existe una superficie importante de tierras que potencialmente podrían ser dehesas (e incluso se podría decir que, debido a sus características, su uso más adecuado es el de dehesa) que en la actualidad se encuentran desarboladas. Habría que considerar estas tierras como dehesas potenciales y fomentar su reconversión en dehesas.

En la gestión de la dehesa todos los elementos tienen la misma importancia debido a las interacciones que presentan, por lo que la única gestión lógica de la dehesa debe ser “integral” y por supuesto, debe ser abordada desde una perspectiva multidisciplinar.

Considero las dehesas como un sistema multifuncional, por lo que la economía de la misma ha de serlo también, entiendo la dehesa como una forma de vida arraigada a los territorios de la dehesa, no es solamente el ganado y las encinas que podamos plantar o cuidar en el futuro, por supuesto imprescindibles, sino que además son sus habitantes rurales, el paisaje en sí de las mismas, sus costumbres, su gastronomía, así pues hemos de obtener de la dehesa un rendimiento diversificador y dinamizador del territorio.

La dehesa es un ecosistema singular y único en Europa. Andalucía tiene 1.250.000 hectáreas de dehesa, el 15% de su superficie. De la nueva PAC depende en gran medida el futuro de este ecosistema; la dehesa ha de ser considerada como cultivo permanente. Se han de tener en cuenta las características especiales de manejo del ganado en extensivo y la especificidad y valor ecológico de los sistemas en los que se encuentran, como es el caso de la dehesa. La nueva PAC y su arquitectura verde debe propiciar una aplicación en España justa y acorde con sus objetivos medioambientales.

Desde la Fundación Savia se trabaja para garantizar y optimizar la persistencia de este ecosistema con una apuesta firme por su futuro.

Sin mundo rural vivo dependeremos más de quienes se organizan a su manera para dominar el mercado.

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