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Que el santoral católico es capaz de jugársela al más pintado es cosa bien sabida. Que se lo digan si no a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, que cada 29 de junio tienen una cita con su onomástica aunque eso sí, cada uno por separado, sin tarjeta y sin ramito de violetas. Pero para quienes creemos en las conjunciones planetarias como desencadenantes del devenir futuro quizás ahí estuvo el origen de esta particular versión de Dos hombres y un destino, destino este que no era otro que liderar la izquierda española en estos tiempos revueltos.

Y ha quedado meridianamente claro que a día de hoy y a la hora que escribo estas líneas, ambos han puesto en esa tarea lo mejor de lo que cada uno de ellos es capaz aunque eso no haya sido suficiente, ni en uno ni otro caso, y a lo más que les ha llevado es a andar estos días dando rodeos a si mismos y a su entorno más inmediato, ese en el que nacieron y se criaron políticamente, el PSOE en el caso de Pedro y el 15M, ahora Podemos, en el caso de Pablo.

Y todo ello probablemente por un problema de sincronía temporal de las voluntades de uno y otro que ha provocado que Pedro ande estos días rodeándose a si mismo a la búsqueda de una salida del laberinto en el que sus decisiones le han precipitado como si de un abismo íntimo se tratara, y Pablo esté de nuevo a un paso de rodear el Congreso aún a riesgo de rodearse él mismo y lo que es aún más peligroso rodear también a Iñigo y sus propuestas de transversalidad.

Y todo ello, como decía antes, por un puro problema de sincronía temporal, porque si la Coordinadora 25S hubiera convocado su particular “happening” contra el régimen el pasado 4 de marzo, fecha de la segunda votación de investidura de Pedro Sánchez, probablemente hubiera podido hacer recapacitar a una parte de ellos mismos, Iglesias y sus diputados y diputadas de Podemos y sus confluencias, que votar no en esa investidura era identificarse con lo más casposo de lo que ellos llaman el régimen, simbolizado sobremanera por el Partido Popular. Pero debió pillarle aquel día de vacaciones por asuntos propios a los organizadores habituales de este tipo de concentraciones acostumbradas a rodear el Congreso y dejaron inconscientemente la puerta abierta a lo que intuían que sería un sorpasso de sus correligionarios de Unidos Podemos y terminó siendo una alfombra roja para Mariano, sus Gürtel y sus Black.

Pero eso ya es agua pasada que no mueve molino, el pasado vivido está y el presente llama a la puerta esta misma tarde. Será el momento en el que Pedro tendrá que dejar sus enigmáticos circunloquios y demostrar de una vez por todas de qué pasta está hecho. Son muchos los que se preguntan qué va a hacer Sánchez en la segunda votación, yo no tengo ninguna duda, lo mismo que viene haciendo de un tiempo a esta parte, lo que más convenga a su propia persona, lo contrario sería despertar la admiración de todos los que no hemos compartido su estrategia política, los de dentro del Partido que somos mayoría y los de fuera que también lo son. Porque salir del laberinto en el que él mismo por voluntad propia se fue adentrando no es fácil, adopte la decisión que adopte, y que no sea la de abandonar su escaño previamente, será una decisión fatal. Todo el tiempo que ocupe en seguir deshojando su particular margarita sólo servirá para alimentar el morbo mediático y continuar devorando a dentelladas secas y calientes su prestigio personal y político.

Y mientras tanto Unidos Podemos y sus confluencias seguirán conjugando un día más el verbo rodear: yo me rodeo, tú te rodeas… nosotros nos rodeamos…, en un ejercicio surrealista propio de quienes se han embriagado, con un cóctel de cinismo e imbecilidad a partes iguales, en las alfombras rojas del Congreso de los Diputados por donde cada día Pablo arrastra como alma en pena su mala conciencia, maldiciendo la mala suerte de vivir de las rentas del Régimen  y añorando aquellos tiempos dorados de la revolución callejera que no le dejan conciliar el sueño alguna que otra noche, aquellas en las que no sueña con el sorpasso.

Este artículo de opinión se escribió antes del anuncio de Pedro Sánchez de que deja su acta de diputado para mantener su "no" a Rajoy

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