El pasado día 11 se presentó en un Teatro Cervantes de Sevilla abarrotado de público el documental Salud no responde, promovido por las Mareas Blancas por la Sanidad Pública de Andalucía. Inmediatamente, ha comenzado a proyectarse en otros lugares y serán docenas las localidades andaluzas en las que se podrá ver durante los próximos meses.
El documental ha sido dirigido por Pablo Coca, un director brillante y ya consagrado por otras obras, siempre de compromiso ambiental, social y andalucista, como De espaldas al sol, Generación Jarcha, Náufragos en el mar verde, Una Amenaza Invisible, A la sombra de la tapia, o El Mapa de Carlos. Su producción se ha hecho posible gracias a la financiación de docenas de personas y organizaciones sociales y políticas.
Salud no responde refleja el duro contraste entre la alegría y la vida que brotan y florecen en el mar, los campos, los pueblos y las gentes de Andalucía y el dolor y la muerte que les provoca el deliberado deterioro de nuestra sanidad pública.
El testimonio de pacientes y profesionales de todas las esquinas de nuestra tierra es transparente, inapelable y estremecedor. Se está dejando caer el que quizá ha sido nuestro mejor patrimonio pues, al fin y al cabo, de la sanidad pública depende que todos -sin que se nos pregunte sin tenemos dinero o no- podamos seguir viviendo, o que lo hagamos en mejores condiciones cuando, antes o después, nos llega la enfermedad o la necesidad de cuidados.
En el documental se muestra que la falta de recursos, las listas de espera, la carencia de información, el Salud no responde de su título, corren paralelos con la expansión de una sanidad privada que se nutre privilegiada y crecientemente con dinero público. Es decir, con un negocio que, como tal, no busca que haya más salud, menos personas enfermas o más prevención, sino ganancia privada.
A través de todos esos testimonios se permite ver que si el sistema público presta cada vez peor servicio es como resultado de una estrategia inteligentemente urdida para justificar una 'colaboración' del sistema privado que no es tal, sino la forma de ir sustituyéndolo poco a poco. Naturalmente, con las consecuencias que eso ha tenido en otros países, o incluso en otras comunidades autónomas que van por delante de la nuestra en el desmantelamiento de los servicios públicos: acceso restringido a la sanidad y peores indicadores de salud, se miren por donde se miren.
El documental merece verse y animo a cualquier persona que lea estas líneas no sólo a hacerlo y a reflexionar sobre lo que en él se expone, sino a promover su proyección y a debatirlo en cualquier esquina de nuestra tierra, en el trabajo, las aulas, los barrios o en familia.
La apuesta por la sanidad privada que estamos sufriendo y que viene de la mano de grandes empresas, bancos y fondos de inversión es una apuesta por la muerte, como he tratado de explicar en un texto breve que acabo de publicar (La vida es un derecho, no una mercancía. Lo que hay detrás de la sanidad privada y qué nos estamos jugando). Para llevarla a cabo convenciendo a la gente de que le conviene que haya sanidad privada, han contratado, literalmente hablando, a dirigentes políticos y a sus familiares, a periodistas y académicos. Si alcanzan su objetivo, el resultado no será otro que el empeoramiento de nuestra salud y la de las personas a las que queremos, y disponer de asistencia sanitaria sólo si podemos pagarla. Lo cual, con toda seguridad, no va a estar al alcance de la inmensa mayoría de la población, a poco que los tratamientos sean mínimamente complicados y, por tanto, costosos.
Quienes defienden y tratan de convertir nuestra salud en un negocio, para ganar mucho más dinero del que ya tienen, van de la mano. No lo dicen por las claras, pero actúan coordinados y se ponen constantemente de acuerdo. Por eso, las personas y colectivos que de verdad quieran defender la sanidad pública han de ir también juntos, unidos y coordinados, sin distinción de credos, ideologías o preferencias de partido.
Las Mareas andaluzas son un ejemplo excepcional de ese comportamiento humanitario, inteligente, coherente, solidario, efectivo y afectivo al que deberíamos sumarnos y apoyar. Y es una pena y una auténtica irresponsabilidad que los partidos políticos que dicen defenderla no se den cuenta de que será imposible evitar su desaparición si siguen desunidos y poniendo en primer plano sus discrepancias e intereses particulares.
