Retorno a Macondo

Francisco Romero, nuevo subdirector de lavozdelsur.es.

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Antes de terminar la carrera, empecé mi trayectoria, primero como becario y luego en plantilla, en Diario de Jerez. Con 25 años participé en la fundación de un periódico, El Independiente de Cádiz, que a pesar de su corta trayectoria obtuvo el Premio Andalucía de Periodismo en 2014 por la gran calidad de su suplemento dominical. Desde 2014 escribo en lavozdelsur.es, un periódico digital andaluz del que formé parte de su fundación, y con el que obtuve en 2019 una mención especial del Premio Cádiz de Periodismo.

Mañana hará un año. Un año desde que La hojarasca quedó inmóvil a los pies del árbol que daba sombra a su vida. Un año en que La mala hora de El otoño del patriarca llegó a nuestras vidas paralizándolas, deseando que aquella nefasta noticia venida desde México no fuese cierta.

Mañana hará un año. Un año desde que La hojarasca quedó inmóvil a los pies del árbol que daba sombra a su vida.

Un año en que La mala hora de El otoño del patriarca llegó a nuestras vidas paralizándolas, deseando que aquella nefasta noticia venida desde México no fuese cierta.

Fue la Crónica de una muerte anunciada, es cierto… pero El general en su laberinto sabía Del amor y otros demonios, y aunque esperados, todos deseábamos que Los funerales de la Mamá Grande se retrasaran lo máximo posible.

Desde entonces, El coronel no tiene quien le escriba, y los Doce cuentos peregrinos, como Ojos de perro azul, nos cuentan que El amor en los tiempos del cólera no era una simple Memoria de mis putas tristes.

Y La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada no es más que una Diatriba de amor contra un hombre sentado.

Entre cachacos, De Europa a América, los Textos costeños del Gabo periodista, también llamado El amante inconcluso, viajan Por la libre buscando un consuelo imposible. Esa Noticia de un secuestro eterno, ese Relato de un náufrago que en isla desierta decide sobre la muerte Vivir para contarla, nos deja huérfanos de sus letras, desamparados… abocados a la tristeza más absoluta.

Ya nadie nos enseña Cómo se cuenta un cuentot desde que te fuiste. Ya nadie nos embarca en un viaje sin retorno al alma a través de las inolvidables calles de Macondo.

Yo no vengo a decir un discurso, añorado Gabo. Tan solo a ofrecerte este humilde y quizás burdo homenaje, muy lejano de la grandiosidad de tu obra y la elegancia que tu narrativa merece.

Ha sido tan solo un año el que ha transcurrido desde que te fuiste, hijo de Aracataca. Y más que un año parece que hubiesen pasado (maldita sea mil veces tu muerte)… Cien años de soledad.

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