Una vista de Algeciras.
Una vista de Algeciras. JOSÉ LUIS TIRADO

Sevilla me mata, es el título de una de las últimas conferencias que debía dar Roberto Bolaño (1953-2003). Creo recordar entre las provocaciones que arroja el texto, aquella de dejar plantada la visita turística a la Cartuja o al tablao flamenco de rigor: De hecho, cuando acabe esta conferencia pienso encerrarme en mi habitación del hotel a ver películas pornográficas, algo así decía. Y es que, es verdad, Sevilla a veces, te mata. Los sevillanos lucimos y arrastramos la cuna. También los de Cádiz. Las dos ciudades más vanidosas de Andalucía, una vertical y la otra tendida. No es extraño que el resto, a veces, las dejen plantadas. La cosa parece venir de lejos. Mateo Alemán (1547-1614) escribió que tenía a su ciudad por madrastra, es decir, por segunda madre que amamanta y, bella y arrogante, también maltrata. Ahorrarse esta pluralidad de madres o padres, esta sobrecarga hereditaria, ya sea de plata o de cadenas, debe reportar algunas dichas. A Sartre y a Umbral parece que la media orfandad les confirió más libertad para determinarse a sí mismos.

Con un álbum genealógico en la maleta no se puede viajar. Mejor ir por el mundo ligero de nación, de progenitores y de pies. Las grandes ciudades se parecen mucho unas a otras. Más sugerentes hoy día, son los topónimos y gentilicios que vienen después. El hijo de la novena provincia, a pesar de toda su complicada historia, no se ofende a cada paso, a cada noticia que trata de su comarca. Sale a conocer mundo con ojos curiosos. No ha de encastillarse allá donde va, ni justificarse a cada rato. Y si alguien le pone la etiqueta a su tierra, el algecireño zanja con una leve sonrisa irónica, esto ha pasado siempre, y mira a la Bahía.

Enfrente de la ciudad no está Triana, está el Reino Unido. Al sur no está la fértil campiña, hay un istmo de casi mil metros de profundidad con endiabladas corrientes, y a sus espaldas la barrera orográfica de los Alcornocales. No es poco lo que estos hijos de su ciudad doblemente fronteriza han visto desde siempre y les ha cincelado el carácter. Realmente Bolaño, en Sevilla me mata, incidía en un grave problema al que debemos enfrentarnos los que juntamos palabras escritas en el siglo XXI: el ansia de respetabilidad que motiva al escritor. Respetabilidad de un puesto de trabajo no alienante, respetabilidad de no caer en la pobreza, respetabilidad al fin de sentirse reconocido por la sociedad como buenos hijos de la clase media.

Es sabido que por los puertos comerciales han entrado siempre las ideas nuevas. Para el que tenga ganas de hacer cosas, Algeciras es buen sitio. Una ciudad de mucho movimiento y diversidad. Y si uno se empeña en comparar, ya se sabe lo que aquí se dice, eso de Argesira mare, callejón del muro

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