El republicanismo no se reduce a elegir al jefe de Estado: síntesis de los fundamentos clave

El sentido republicano de la libertad no es el sentido que le otorga el liberalismo, como libertad negativa, sino que, al contrario, la libertad necesita de la ley, de la regulación estatal que favorezca la independencia y la capacidad decisoria

31 de marzo de 2026 a las 17:28h
 Manifestación por la República celebrada en Jerez, en una imagen de archivo.
Manifestación por la República celebrada en Jerez, en una imagen de archivo.

“Artículo primero: España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia”. Así empezaba la Constitución de la República que se proclamó el 14 de abril de 1931. Con este artículo ya se indicaba que también se pretendía recoger el legado del republicanismo, el de un pensamiento político de larga tradición histórica. Hoy, a 95 años después de aquella proclamación, nos preguntamos si es el momento de plantear como objetivo político inmediato la reivindicación de la república frente a la monarquía borbónica, y de exigir un referéndum que decida el modelo de Estado.

Pero en ese debate, no siempre se ha tenido en cuenta cuál es el sentido y significado del republicanismo que se pretende como alternativa al régimen monárquico, y que no consiste sólo en pretender la elección democrática y periódica del jefe del Estado como algunas veces se cree.

El republicanismo, como históricamente ha sido planteado, es un pensamiento filosófico-político opuesto al absolutismo y a la tiranía y enfrentado al liberalismo desde que este pensamiento entró en escena ya en la Modernidad. En el liberalismo, aunque no fue así denominado hasta la Constitución de Cádiz, sus bases filosóficas estaban planteadas en Hobbes (siglo XVII) y, más tarde, formulado por Benjamin Constant como libertad de los modernos frente a la libertad de los antiguos. El republicanismo, por el contrario, ha estado presente desde la Antigüedad grecorromana. Los pensadores de esta corriente filosófico-política han propuesto la configuración del Estado sobre la base de tres grandes ideas, que difieren de las defendidas por el liberalismo: la noción de libertad como autodeterminación, la importancia de las virtudes cívicas y una defensa de la democracia como participación y compromiso ciudadano.

El sentido republicano de la libertad no es el sentido que le otorga el liberalismo, como libertad negativa (así conceptualizada por Isaiah Berlín) que la reduce solo a la no interferencia del Estado o de otros en el ejercicio de los derechos individuales; sino que, al contrario, para el republicanismo, la libertad necesita de la ley, de la regulación estatal que favorezca la independencia y la capacidad decisoria en los ámbitos económicos, civiles y políticos de la ciudadanía. Nadie puede ejercer su libertad si depende de otras personas para mantenerse, si está sometido servilmente y su subsistencia subordinada a la consideración de otros; es decir, no puede ser libre quien para existir tiene necesidad de pedir permiso a alguien. En realidad, solo los que eran propietarios de medios de subsistencia (tierras, bienes, etc.) podrían tener las condiciones para una vida en libertad y, en consecuencia, ejercer la ciudadanía. Así, el republicanismo más conservador o elitista reducía la ciudadanía a quienes eran independientes, a quienes podían vivir por sí mismos. El republicanismo plebeyo o democrático, sin embargo, proponía reformas económicas adecuadas que permitieran extender socialmente la ciudadanía. 

Esta defensa de la libertad como no dependencia de relaciones serviles, patrimoniales o patriarcales, suponía la elevación del valor de la fraternidad, al nivel de la libertad e igualdad, como así fue formulado en la Revolución francesa. El Estado, en consecuencia, tenía que establecer los dispositivos institucionales y legales necesarios que garantizaran a la ciudadanía los derechos elementales a la existencia, a la seguridad y la independencia civil. Esta defensa de la libertad se proponía en una doble dimensión: libertad real de los individuos amparada en el marco del Estado, y también la libertad del Estado frente a otros poderes (económico-financieros, de las élites, religiosos, grupos de presión, etc.) y la injerencia de otros Estados u organismos supraestatales. En la actualidad, en el republicanismo democrático se abre paso como mecanismo institucional para asegurar este concepto de libertad la implantación de una Renta Básica Universal que garantice a todas las personas el derecho a la existencia.

La libertad planteada por republicanismo democrático surge en la Grecia clásica con las reformas constitucionales de Efialtes-Pericles y también propuesta durante el periodo plebeyo de la República romana. Reapareció, más tarde, en el Renacimiento y tuvo especial importancia en el constitucionalismo norteamericano (Madison, Jefferson…) y en la Ilustración europea (cristalizando políticamente en la Revolución francesa con Marat, Robespierre…) y hasta en el propio K. Marx. Finalmente, el concepto liberal de libertad, ya en el siglo XIX, acabaría siendo hegemónico. Pero lo que se ha mostrado desde entonces, es que el modelo liberal de libertad, centrado en la protección de los derechos individuales y contrario a la intervención del Estado en la sociedad civil, ha generado que, consecuencia de la libre competencia, minorías poderosas se impongan sobre el resto para hacer prevalecer su voluntad y sus intereses; por lo que la autonomía que permite la independencia económica ha sido y es un privilegio de minoritarios sectores de población. Para las mayorías (mujeres, empleados, migrantes, personas sin empleo o en situación de pobreza, etc.) se ha tornado en una práctica difícil poder evitar la intromisión y las relaciones de dependencia o subordinación. Para ellas, la libertad es un ejercicio limitado.

A pesar del dominio del sentido liberal de libertad, la fraternidad republicana pervivió en determinadas corrientes de pensamiento, muy especialmente en el ámbito libertario. En Andalucía, la confluencia entre la fraternidad y el federalismo proudhoniano —que tanto había influido en Pi i Margall— resultó decisiva en la formación política de Blas Infante, fundador del andalucismo. Pero la fraternidad republicana del padre de la patria andaluza no se agotó ahí: encontró además fundamentación moral y proyección en el krausismo, corriente filosófica que impregnó su concepción ética de la emancipación popular y su ideal de una Andalucía libre, igualitaria y solidaria. De este modo, en Blas Infante confluyeron el federalismo libertario y el humanismo krausista, configurando una síntesis original de republicanismo fraternal que marcaría el nacimiento del andalucismo político.

El segundo aspecto que hemos señalado como propio del republicanismo democrático es la promoción de las virtudes cívicas. No se trata de que el Estado promoviera alguna concepción del bien ni que orientara en un modelo determinado de vida moral, sino de fomentar virtudes relacionadas con la justicia y la fraternidad, aquellas que puede aceptar cualquier ser racional que sea imparcial. El republicanismo defiende la necesidad de ciudadanos comprometidos con su comunidad, que puedan participar activamente en política y corresponsabilizarse de las obligaciones que ello comporta. Para hacer factible el ejercicio de las virtudes cívicas, como el republicanismo ha propuesto, es condición previa la independencia económica y civil que permite la formación de opinión y la libre participación en los procesos de deliberación y toma de decisiones. Y para una corresponsabilidad equitativa y libremente asumida con las obligaciones de la comunidad, se hace también necesario que el Estado funcione con un sistema fiscal justo.

Respecto a qué se entiende por democracia, el autogobierno de la comunidad, a lo que tanta importancia concedieron los pensadores republicanos, no es suficiente con los mecanismos de representación. La democracia tiene que fortalecerse profundizando en la participación e introduciendo fórmulas de democracia directa. Entre ellas y para el acercamiento y toma de decisiones por la ciudadanía, el federalismo impulsó la descentralización del Estado, fortaleciendo las instituciones municipales y las territoriales de las naciones y pueblos que integran el Estado.

Esta descentralización tiene que ir acompañada de otras medidas jurídico-legales que fortalezcan la participación y la democracia: un sistema proporcional justo y aquellas que aproximen al representante –en cualquier instancia- con el representado, como la rendición de cuentas, la revocabilidad de cargos en caso de incumplimientos, la rotación y desprofesionalización política, incluyendo topes salariales para cargos públicos (más ajustados a la realidad socioeconómica del representado), la eliminación de privilegios económicos y jurídicos así como la inhabilitación para cargo público ante cualquier tipo de corruptela. Las formas de democracia directa hoy pueden verse favorecidas por el establecimiento de referéndums vinculantes y formas de teledemocracia. También incluyendo la obligatoriedad de consultas previas a las instituciones y mecanismos de coordinación social que componen la sociedad civil, y la apertura de procesos deliberativos participativos.

En los planteamientos del republicanismo se produjeron confluencias y también diferencias en otros temas, pero fueron estos tres señalados los que se abordaron con mayor intensidad por el republicanismo democrático (o plebeyo) en particular y que hoy tienen plena actualidad.

Cuando se debate acerca de España, mientras hay quienes se refieren exclusivamente a símbolos que hoy todavía remiten en gran medida a determinados períodos del pasado y a una visión uninacional (algunos se aferran a ello para tapar otros intereses), la España republicana es la patria donde todas las personas pueden ejercer la ciudadanía como personas libres, la del respeto a la diversidad y la fraternidad entre los pueblos y naciones que pactan entre sí, la de la justicia de sus normas. Esa España, con una ciudadanía comprometida, es la España policéntrica y federal que como republicanos tenemos que construir.

Lo más leído