Reiki, o la utilidad de lo inútil

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Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, máster de Urbanismo en el IPE. Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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PSICOLOGÍA. La realidad no existe, solo hay interpretaciones.

"..Mire usted, tengo ansiedad, llevo cuatro meses realizando sesiones de Reiki y no se me quita". Es lógico le digo, lo raro sería que simplemente con imposición de manos, le hubiese desaparecido una alteración de humor de dichas características. “Esas sesiones me relajan, me hacen sentir bien, pero no es suficiente… la ansiedad, no desaparece”.

La ansiedad es algo muy serio, delicado y difícil de tratar. Manejarla sin una formación académica requerida, sin verdaderos conocimientos sobre este complicado asunto, puede conllevar a un empeoramiento del trauma. La observación y control del trastorno además de saber y poder trabajar sus tres dimensiones fundamentales: la fisiológica (síntomas físicos de la ansiedad como son palpitaciones, falta de aire...); la cognitiva (creencia de tener una enfermedad, volverse loco, anticipar acontecimientos..): y la conductual (como reaccionamos ante posibles síntomas, escapando o evitando asistir a lugares, buscando desesperadamente ayuda...) es fundamental a la hora de ayudar al paciente.

Que nos abran los chakras (reconozco que soy un tanto escéptico y no sé si alguien vio uno de manera demostrable, no subjetivamente) para poder manipular la energía del universo y así curar, en mi humilde opinión, no lo considero adecuado para tratar trastornos psicológicos. Otra cosa puede. De hecho, existen discrepancias sobre cuántas aberturas corporales tenemos para canalizar esa energía vital. No cabe duda que hay gente con un carisma especial que sabe sugestionar al paciente para que experimente en su cuerpo y, por ende, en su mente, sensaciones de mejoría, pero otra cosa más importante es mantenerlas en el tiempo. A mi parecer, no es honesto crear falsas expectativas en los pacientes que buscan ayuda, simplemente por creer que se pueden tratar alteraciones de los procesos cognitivos y afectivos del desarrollo tras haber realizado uno, dos o los tres cursos o niveles en Reiki.

Recuerdo cuando realicé mi primer nivel, tras el ritual en una sala cerrada y semioscura, adornada con diferentes piedras como los cristales de cuarzo, ambiente con fondo musical de relajación, los dos supuestos maestros de Reiki vestidos de blanco, tras sugerirme que cerrara los ojos… soplaban enérgicamente en mi cara, en mi cabeza y no recuerdo ahora si en alguna parte más. Imagino que también realizaban pases mágicos (mis ojos permanecían cerrados) que ayudaban a abrir esos canales energéticos que más tarde me permitirían contactar con esa energía del universo y así poder ayudar a los necesitados.

Seríamos sobre veinte personas y el ritual lo realizamos de uno en uno. Una vez finalizado, todos reunidos de nuevo en la sala, nos pedían describir nuestra experiencia. Hubo opiniones de todos los estilos y algunas muy peculiares. Recuerdo que una chica nos explicó y detalló cómo durante el ritual se había visualizado dentro de una especie de cono de luz, que le salían rayos de colores por el cuerpo, que flotaba y algunos disparates más por el estilo. También hubo gente que no había sentido nada especial. Probablemente porque aquella chica se llevó todos los efectos psicodélicos y no dejó nada para el resto de los aprendices.

A continuación hablaron los maestros. Me llamó la atención una anécdota trivial que uno de ellos nos contó. Dijo que cuando salían con el coche en familia, su perro se ponía muy nervioso (típico de los perros, lo sé por experiencia, de hecho ahora tengo dos y uno me vomita casi siempre… y mi gato no digo la que lía, pobrecito) y que cuando no soportaba sus histéricos ladridos, su mujer un tanto desesperada le decía: ¡Hazle Reiki al perro! Lógicamente los perros (los gatos puede que peor…) tienen muchas razones que no son para tratar aquí de porque se estresan en los coches, en fin. Concluyendo, una vez realizado el curso, ya estábamos todos preparados (incluida la mujer que se visualizó dentro del cono de luz) para imponer nuestra manos, no antes sin realizar en el aire un símbolo mágico y decir tres veces sincronizadas con éste, las palabras: Cho Ku Rei… para sanar a la humanidad.

Yo soy de los que dudan de muchas cosas y a veces me pregunto si esa energía del universo (si es que realmente se puede manipular) tiene que ser siempre buena. ¿Seguro que todas las energías que pululan por el universo son provechosas?, ¿Puede ser buena por ejemplo la energía de las explosiones solares?, ¿la de un agujero negro tragándose una galaxia?, ¿la de la gravitación mutua entre planetas?, ¿la de una trastornante luna llena?, ¿las partículas de iones positivos del viento de Levante?… ¿Realmente imponer las manos puede resultar más apropiado que un tratamiento médico o psicoterapéutico a la hora de curar un trastorno? ¿Un individuo sin los cursos apropiados puede crear el mismo efecto, o más, al imponer sus manos a una persona deseosa o muy sugestionable de experimentar sensaciones de relajación?

Me reitero, ¿vale toda la energía?

¿Es una metáfora el Reiki? Yo, gracias a esos canales corporales abiertos, puedo manejar una supuesta energía vital (…que de entrada se supone buena) para mediante la imposición de manos equilibrar el desequilibrio energético que causa el trastorno (¿sea de la índole que sea?) a la persona. ¿Te equilibro así tu desequilibrio y sanas…?

En la actualidad, existen “muchas” corrientes de Reiki y en todas se enseña de una forma distinta a pesar de que siguen el mismo principio: canalizar la Energía Universal a través de los chakras para mediante la imposición de manos equilibrar el organismo de la persona enferma. Pero la realidad es que somos individuos, únicos e irrepetibles, así pues, mi experiencia dictará que lo que me sirve me es útil; y al revés, lo que no me sirve me es inútil. Pese a todo, esta reflexión no deja de ser  una opinión subjetiva porque lo inútil para mí, puede ser lo útil para ti.

Dentro de lo que me toca como profesional de la psicología, observo que no soy el único en compartir la ineficacia de algunas filosofías sanadoras aplicadas a pacientes con trastornos psicológicos porque, precisamente, son los mismos usuarios de estas, mediante sus comprobaciones los que reconoce que a veces, que lo útil para algunos no resultó para ellos. No es cuestión de escepticismo ni de pensar en los éxitos conseguidos porque, al final, es la experiencia la que gana.

Pero no nos engañemos, el Reiki es una práctica que produce efectos saludables aunque no se pueda comparar con un tratamiento médico o psicoterapéutico en cuanto a su eficacia. La cabeza del ansioso tiene un mecanismo mental que no cambia tras varias sesiones de imposición de manos. A estas personas que sufren, hay que aportarle recursos, herramientas terapéuticas que puedan poner en práctica y comprueben su funcionamiento eficaz.

Ni siquiera pienso, quizás por su débil experiencia concreta, que esta técnica sea un caso más de intrusismo laboral a pesar de su atuendo de terapia alternativa. Para los más prudentes, esta filosofía se concibe como una “terapia complementaria” para el restablecimiento de la salud. Para muchos, probablemente no sea ni mala praxis porque (dentro de una ética voluntaria sabia e ingenua) la intención consciente es producir (en esta realidad) bienestar en los demás… Pero ya sabemos que la realidad no existe, sólo hay interpretaciones y las hay muy variadas, de todos los colores, para todos los gustos a pesar de que lo empírico en muchas ocasiones brille por su ausencia.

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