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Los hermanos mayores tienen la oportunidad de demostrar que hay cosas más importantes que el dinero y rechazar la propuesta. 

“¿Ha primado también el tema de la seguridad?”. “Yo no sé si ha primado, sé que es uno de los puntos que se han visto como positivos”. Reconozco que después de esta frase, perteneciente a la respuesta a la segunda pregunta, dejé de leer la entrevista, porque en el momento en el que no se tienen en cuenta razones de seguridad por encima de cualquier otra cosa, todo lo demás deja de tener interés o importancia, por muy bien que se quiera vender la burra. Me considero cofrade y me declaro públicamente contrario al cambio de Carrera Oficial que quiere aprobar la Unión de Hermandades y sobre cuya implantación hablaba ayer su presidente, Dionisio Díaz en una entrevista para lavozdelsur.es.

Y lo hago únicamente por motivos de seguridad. ¿Recordáis cuando a principios de verano se lanzó la noticia, como una mera propuesta, del cambio que ahora se pretende aprobar? Lo recordáis, ¿verdad? Pero seguro que no se os viene a la memoria el artículo que se publicó el día después, en el que se le preguntaba a miembros de las fuerzas de seguridad sobre la propuesta y en el que decían claramente que no era viable desde el punto de vista de la seguridad. Ahora, por lo visto, esa percepción ha cambiado o se han relativizado los impedimentos, lo cual se puede considerar como un acto muy grave y una irresponsabilidad supina. Puede que la opinión de la policía haya cambiado, sin embargo el lugar sigue siendo el mismo y lo seguirá siendo. Tal vez sea bueno ofrecer un análisis sosegado e integral de lo que supone, por encima de que quepan más o menos palcos, que es lo que parece que en todo momento se pretende hacer prevalecer sobre lo demás.

El proyecto que se ha presentado pretende establecer el comienzo de la Carrera Oficial en la plaza del Banco, por lo que todas las hermandades deberían acceder por Tornería y Eguiluz. Eso descongestionaría y liberaría toda la zona de Cristina y plaza Aladro, además de recortar (sobre el papel) los recorridos procesionales. Esta segunda parte está muy bien, pero pienso que no se han tenido en cuenta varios factores que afectan de forma gravísima a las condiciones de seguridad y por los que, llegado el caso de que ocurriese algo, los responsables de la Unión de Hermandades tendrían que responder ante las instancias competentes.

Tornería es una calle ya de por sí saturada de público durante toda la Semana Santa, hasta el punto de que durante el pasado año se tuvieron que establecer aforamientos para garantizar la seguridad. Si además se pretende llenar de sillas toda la Plaza del Clavo, el espacio de evacuación hacia esa zona sería muy reducido y extremadamente estrecho, sin contar que a ambos lados siempre nos encontraríamos con hermandades que quisieran efectuar su entrada a la Carrera Oficial. Pero lo de la plaza del Banco es peor: en primer lugar, es de todo punto incomprensible que un recorrido, que se puede hacer en línea recta perfectamente, se retuerza hasta límites insospechados sólo por el único interés de colocar más y más palcos. El resto de condiciones tienen poco que comentar: si tenemos hermandades entrando por Eguiluz y saliendo hacia Larga, las únicas vías de evacuación, atención, serían San Cristóbal, que no tiene más de tres metros de ancho siendo muy generosos en el cálculo, y Cuatro Juanes, que es infinitamente más estrecha y que, para colmo, también desemboca en la susodicha San Cristóbal. Ya si consideramos que esta última termina en Plaza Plateros, que es un lugar de vuelta recurrente para fácilmente el 80% de las cofradías que salen de la Catedral, la bomba está servida y programada.

Pero no se vayan todavía, que aún hay más: una vez entrara la última hermandad del día en calle Eguiluz, segurísimo que ya tendríamos la primera hermandad nuevamente en Tornería una vez abandonada la Carrera Oficial, convirtiendo esa zona en un flujo constante de hermandades y sin posibilidades de salir hacia ninguna parte. ¿Esto cómo se come? ¿Cómo pueden dar las fuerzas de seguridad luz verde a este despropósito sin, al menos, efectuar un simulacro de evacuación sobre el terreno o un estudio exhaustivo que prevea todas las situaciones que se pudieran originar?

Luego está el tema de los vecinos de las calles Eguiluz, Judería y de la plaza del Banco, amén de los negocios que se ubican en aquellas vías, en los que parece que absolutamente nadie piensa, o en el ficus de la Plaza del Banco, al que algo habría que hacerle. Pero hay que pensar en ellos, en todos, y no sólo en las cinco hermandades del Jueves Santo que han reclamado el cambio. En los tiempos que nos ha tocado vivir, en los que se buscan vías anchas para realizar actos multitudinarios y en los que se ha demostrado que no es necesario nada para provocar una estampida y sembrar el pánico, en Jerez parece que no queremos aprender de las experiencias que han acaecido en otras ciudades. Que aquí puede que nunca suceda lo que ha pasado en Sevilla, de acuerdo, puede y ojalá que nunca suceda, pero hay que planear las cosas pensando en que puede suceder y garantizando al máximo la seguridad, siempre admitiendo que no se puede alcanzar el cien por cien de protección efectiva.

Como he dicho al principio, soy cofrade y pertenezco a ese numeroso grupo de cofrades que no entienden este sinsentido de cambio y el montaje de una auténtica ratonera que va a dejar encerradas a miles de personas durante horas. Y todo por no perder palcos, todo por no perder ingresos. Los hermanos mayores tienen la oportunidad de demostrar que hay cosas más importantes que el dinero y rechazar la propuesta. Esperemos por el bien de todos que impere la razón, porque aún estamos a tiempo de hacer las cosas bien.

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