¿Rroma 'lives matter'?

Nadie dice nada. Ninguna tribuna desde los medios. Cero segundos en televisión y un puñado de tuits de los cuatro de siempre, que predicamos en el desierto

jose (2)

Trabajador social en Fakali, Federación de Asociaciones de Mujeres Gitanas

¿Rroma 'lives matter'?
¿Rroma 'lives matter'?

La pregunta es irónica, porque la respuesta es evidente a tenor de los acontecimientos. El último ha ocurrido en un suburbio de Pérama, (Grecia) hace casi una semana. En la madrugada del sábado 23 de octubre, tres jóvenes romaníes de 18, 16 y 15 años conducían un vehículo por las calles de la localidad. Policías del lugar, al ver a los ocupantes avisan por radio de la siguiente información: tres sospechosos gitanos conducen un coche, y, en base a ello, van a pararlos.

Por radio, y según las grabaciones, los compañeros del control piden reiteradamente a los policías que no lo hagan, pues causarían una peligrosa persecución, advertencia que los guardias desobedecen y, con sus motocicletas se lanzan a la captura de los tres adolescentes. No sabían, ni siquiera que el vehículo era robado, ni si tenían antecedentes o no, sólo habían visto la apariencia de los jóvenes romaníes, tal cual se deduce por las grabaciones. Siete agentes abrieron fuego contra los jóvenes desarmados y sin antecedentes, causándole la muerte a Nikos Sabanis, de 18 años a causa de los 38 disparos durante la persecución. Otro de los jóvenes romaníes, el de 16 continúa hospitalizado por un disparo en el abdomen. El último, el de 15 consigue huir del lugar.

La información en gran medida nos ha llegado gracias al esfuerzo del abogado y comunicador Hibai Arbide, entre algunos medios alternativos y activistas. Si no existieran redes sociales, probablemente ni siquiera hubiéramos alcanzado a tener algo de información. En Grecia sí que está habiendo un seguimiento de tan cruento espectáculo. De hecho, el abogado de estos 7 agentes, Alexis Kougias, ha hablado en televisión y ha recordado que hablamos de una “plaga gitana”. Durante estos días, en ciudades como Atenas o Berlín se están congregando diversas concentraciones para recordar que las vidas gitanas importan, sin olvidar, por supuesto, que en los casos de las manifestaciones de Grecia también la policía está protagonizando diversas cargas. Por si fuera poco, grupos de policías han estado protagonizando manifestaciones para pedir la total exculpación de sus compañeros investigados al grito de “héroes”. Unos héroes que se saltan las indicaciones del centro de control, recordemos. Unos héroes que ya están en libertad, para el gusto de sus compañeros.

Los hechos nos traen dantescas similitudes con otros ocurridos en los últimos meses. Recordemos que, en junio de este mismo año, en Teplice (República Checa), el joven romaní Stanislav Tomáš falleció bajo custodia policial. La rodilla del agente le presionó el cuello hasta matarlo.

El primer ministro checo, Andrej Babiš, y el ministro del Interior, Jan Hamacek, mostraban su apoyo a los agentes y a la institución policial. Un mes más tarde, en el distrito de Zé Gonçalves, perteneciente a Vitòria da Conquista (Brasil) y, a causa de una riña vecinal en la que perdieron la vida dos romaníes y también dos policías dieron lugar a una posterior matanza por parte de los grupos paramilitares brasileños. Según los medios locales, más de veinte personas fueron tiroteadas, causándole la muerte a al menos, seis romaníes más en una cruenta y sangrienta venganza en la cual, las personas gitanas fallecerían por ser gitanas y estuvieran o no, emparentadas con quienes arrebataron la vida a sus compañeros.

También me vuelven a venir a la memoria los hechos ocurridos con Daniel Jiménez en la comisaría de Algeciras el 30 de mayo de 2020. Daniel estaba en la cárcel, acusado por violencia de género. Una hora antes de su muerte, Daniel había hablado por teléfono con su padre, alegrándole la existencia al recordarle que al día siguiente volvería a estar en libertad, a la espera de que el juicio se pudiera celebrar. Justo después, el cuerpo de Daniel Jiménez aparecía sin vida en el calabozo y en circunstancias que todavía se desconocen. También se me viene a la memoria la muerte de Eleazar García, el joven romaní con diversidad funcional reconocida con un 75% quien, en el descanso de un partido de la selección española de fútbol contra las Islas Feroe, y en una confusión al querer buscar el baño, salió al exterior a través de una de las bocas del estadio del Molinón.

Al percatarse y, al querer volver al estadio sin entrada (la tenía su tío), se pone nervioso, se salta un torno y varios guardias de seguridad se abalanzan contra él, propinándole innumerables golpes. Tras esta primera disputa, varios agentes de la Policía se presentan, reducen a golpes al joven y, posteriormente lo detienen. El informe forense corrobora los numerosísimos golpes. Es el propio coche de la Policía quien lo lleva directamente al centro de salud Parque-Somió, situado a apenas 500 metros de El Molinón. Allí los familiares de Eleazar reciben la noticia del fallecimiento del joven.

No son casos aislados, sino una espantosa realidad en la que las vidas gitanas son las que menos importan. No sólo por las detenciones por perfil étnico, ni sólo por la brutalidad policial, sino por las reacciones de una buena parte de la sociedad que sigue mirando para otro lado. Por ejemplo, la reacción de los abogados de la defensa del caso de Eleazar apuntaba a que llegaron a creer que era “un yihadista o un borracho”, mientras que los políticos de República Checa y Grecia aplaudieron las actuaciones policiales. Está, como ven todo permitido en este juego macabro. Los medios lo silencian, ¿acaso han visto en Antena 3 y Tele 5 estas noticias?, ¿Y en RTVE?, ¿han llegado a cubrir los hechos de Grecia, Brasil o República Checa?, ¿Por qué sí cuando ocurrió, desgraciadamente, con el malogrado y también asesinado George Floyd?, ¿Porque era Estados Unidos? Me lo temía. Hemos normalizado tanto estas cosas que, finalmente, dan pocos clicks.

A pesar de que ni siquiera se nos oiga, hay rodillas que nos hunden y nos silencian cada día más. Una vez fue un policía, que en su sentimiento de superioridad nos ahogó a todos, otra vez fueron 7 quienes apretaron sus gatillos hasta 38 veces, y en otras son “muertes en extrañas circunstancias”. Luego, en este juego macabro de las cosas, siempre aparece el silencio. Está el silencio cómplice, el “aquí no ha pasado nada”, de toda la vida. Está el mutis de la selección española de fútbol, quien ni siquiera le dedicó un simple tuit a la familia de Eleazar, un joven que vibraba por ver a sus ídolos. El silencio permisivo de la sociedad, que cuando grita lo hace tarde, siempre tarde.

El silencio cobarde de unos medios que siguen moviendo el rabo a merced de lo que marque el sistema e incluso, permanecen inmóviles cuando aquí, en nuestro país, una Diputada por Vox, y en el debate de hace una semana sobre la Proposición No de Ley (PNL) sobre el reconocimiento de la genocida y continuada persecución histórica del Pueblo Gitano, tiene la osadía y el atrevimiento de decir que hablamos desde una “historia con datos tergiversados e hispanófobos. De genocidio nada de nada”, agrega. Nadie dice nada. Ninguna tribuna desde los medios. Cero segundos en televisión y un puñado de tuits de los cuatro de siempre, que predicamos en el desierto. Todo el mundo callado, como con Nikos Sabanis, Stanislav Tomáš, Daniel Jiménez o Eleazar García, por citar los más recientes. Todo el mundo callado, que las vidas gitanas no importan.

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