Participación de la mujer en partidos políticos.
Participación de la mujer en partidos políticos. MANU GARCÍA

Cómo seguramente saben, desde 2007 se instalaron en España las llamadas listas cremallera, por aplicación de la Ley Orgánica para la Igualdad de Mujeres y Hombres, y cuya aplicación lleva en la práctica a un ejercicio más propio de sexador de pollos que de comité electoral.

La Ley - como tantas otras- pretendía enfrentar la realidad con un articulado tendente a equilibrar el notable rechazo que en sus perspectivas vitales tienen las mujeres respecto del hecho y la participación política partidaria y que tradicionalmente se achaca a la falta de tiempo y su dedicación a los cuidados. Este afán de enfrentar la realidad con articulado requiere, según lo entiendo, que el legislador tome posiciones para que también los hombres mostremos similares simpatías por las clases de yoga, pilates, dibujo y pintura, grupos de lectura, escritura creativa o matrículas universitarias en Ciencias Exactas hasta igualar el carácter masivo que estas actividades tiene entre las mujeres.

Salvo excepciones, la participación de la mujer en partidos políticos no llega en ninguno de ellos al 20% y en los partidos de nueva formación se buscan mujeres para formar listas electorales como los hosteleros buscan camareros.

Por esta razón, y por la apresurada confección de listas para el 19J, he visto en los últimos días cómo se convocaba a la militancia para presentarle a la "candidata" a quienes supuestamente habrían elegido en elecciones primarias, he leído currículos académicos hinchados como de compañera de pupitre de Pablo Casado, y esto aún con faltas ortográficas de serie - "cremayera" (sic) - que aturdirian a la más ágrafa entre las modistillas, y asistido a amenazas de expulsión por exigir que un partido que se dice de radicalidad democratica asuma los votos de sus propios militantes.

Desde su aprobación, aquel lejano acuerdo del parlamento español me trasladó a tiempos que creía aún más pasados y abonados en exclusiva al Siglo de Oro, cuando se impuso en las Españas aquello del cristiano viejo y la limpieza de sangre y aves marías esculpidos a cincel en los dinteles de las casas ocupadas por conversos. Necesitaban aquellos viejos herejes hacerse un hueco en el muy cristiano pueblo español sin levantar sospecha por su pasado o enterrar su vieja y no olvidada e inquebrantable Fe entre los restos de piedra dejados por el cincel.

Con esta Ley Orgánica - siempre lo pensé- quienes guardaban en el armario el pantalón corto y la camisa azul de la OJE o la faldita bajo la rodilla de la Sección Femenina podían ocultar su machismo sin reservas, salvar los muebles de sus recién llegados espíritus democráticos y comulgar con Lampedusa, removiendo todo para que nada cambie.

A muchos años ya de aquella Orgánica decisión legislativa, un sesudo estudio de la politólogo y doctora Lydia Fernández Montes concluye que aquel esfuerzo supuestamente encaminado a la Igualdad entre Géneros respecto de la representación igualitaria en el ámbito de la política se ha resuelto en que la Igualdad para casi todos los partidos es "cosa de cuento mas que de cuentas..."

Así, si la regla estipula que estas listas deben confeccionarse según el parámetro de 60/40 - dividiendo al personal aspirante a carguito por estricta regla de sus sexos de natura y sin que quepan leyes trans ni sexo de libre disposición- los niños con los niños y las niñas con las niñas... según axioma de Esteso-, y anota la doctora Fernandez que los partidos han sorteado el silicio democrático autoimpuesto jugando con la ley en contra y la práctica a favor y así, salvo PSOE y Podemos, ningún partido parece realmente interesado en saldar esas diferencias naturales y, mientras PP triplica el número de hombres sobre el de mujeres, Ciudadanos quintuplica esa cifra. De Vox ni hablamos.

Pero, como quien hace la ley también organiza su trampa, en los últimos tiempos los organigramas de los partidos más conspicuos en esto de la Igualdad han logrado el triple salto mortal y - creadores y dueños de esta Orgánica Ley- sin importarles si por orgánica apesta, domeñan a su favor su articulado y hacen sus apuestas -codere- en favor de candidatas casi ajenas o recién llegadas ad hoc, metidas en lista por el calzador de su sexo y contraviniendo altares más sagrados - primarias entre sus militantes- hacen hueco a mujeres por favorecer inconfesables apuestas por su marido.

Si estas artimañas dejan a la luz sospechas bien fundadas de información para privilegiadas, abuso de leyes de Género, tiro de tres a la papelera con las actas aún calientes de los resultados de primarias o dejarse en la falta personal a 3/4 partes de la militancia, poco importa si se salva la franquicia en la que se han convertido los partidos, y la cláusula de omertá que lidera el fin común de las coaliciones. Todo sea Por Andalucía, han debido pensar.

Leí en Duverger que en la antigüedad había partidos de masas y de cuadros. Por Andalucía - son muchos sus caminos- hemos descubierto los partidos de familia, no precisamente numerosa.



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