Javier Imbroda, consejero de Educación, en una foto de archivo.
Javier Imbroda, consejero de Educación, en una foto de archivo.

Estimado Sr. Imbroda, Consejero de Educación del Gobierno andaluz.

Con estas palabras y como padre de familia, quiero exigirle públicamente la ampliación de las cláusulas del pin parental. Una iniciativa que, aparentemente, se va a incorporar a nuestro sistema educativo, vista la dependencia de su Gobierno de los votos del partido de nombre latino. En este sentido, le exijo que este “pin” incorpore los siguientes ámbitos, más allá de los asuntos relacionados con la sexualidad:

- Primero. Como declarado seguidor de la teoría terraplanista, (y miembro de la Flat Earth Society) le reclamo que mi hijo no acuda a las clases donde se enseñe que la Tierra es redonda y sea eximido de la evaluación de dicho tema. Es más, le exijo que en la asignatura de Historia de España mi querido niño no asista a las lecciones donde se explique el supuesto viaje de Magallanes y Elcano alrededor del mundo. Eso sí, como persona generosa que soy, le permito que en Matemáticas trabaje y estudie la esfera como cuerpo geométrico. Solo eso. Cuidadito, ¿eh?

- Segundo. Como declarado seguidor del veganismo, le exijo que mi hijo no asista a clases o actividades complementarias donde se le pueda informar acerca de los supuestos beneficios de las dietas carnívoras o incluso la de los traidores y cobardes vegetarianos. Incluso, con la finalidad de criar una persona sana, prohíbo terminantemente que participe en las sesiones donde se muestre a nuestros antepasados prehistóricos consumiendo cualquier tipo de carne. Además, esta prohibición se extiende a la enseñanza de la pirámide alimenticia o nutricional donde aparezcan las carnes o cualquier tipo de alimentación no vegana.

- Tercero. Como declarado antifranquista, le exijo que mi hijo no asista a clases o actividades complementarias donde se le explique el tema de la Dictadura de Franco. Considero que los valores implícitos en ese periodo de nuestra Historia, deben ser borrados de la educación de mi descendiente.

- Cuarto. Como declarado republicano, le exijo que mi hijo no asista a clases o actividades complementarias donde se le explique la Historia de la Monarquía en España. En mi familia, los valores republicanos se respiran por todos nuestros poros, y no estamos dispuestos a que la escuela le inculque otros.

- Quinto. Como declarado ateo, no sólo exijo que no se le enseñe nada relacionado con cualquier religión, sino que, además, llevaremos a mi hijo al colegio de acuerdo con un calendario no católico. Nos comprometemos a cumplir escrupulosamente con el número de días y horas lectivos según la normativa, pero la distribución anual de las jornadas de vacaciones y las escolares será mucho más racional y proporcional que la existente hoy día.

- Sexto y último. Como declarado fan de Raphael, le exijo que mi descendiente comience todos los días sus clases con canciones de este autor andaluz y universal. Considero que los valores asociados a sus canciones, como, por ejemplo, Qué sabe nadie, Digan lo que digan, Mi gran noche o Como yo te amo, desarrollan un modelo idóneo de formación integral de los estudiantes. Es más, propongo, pero no exijo, que por Navidad mi hijo y sus compañeros pudieran iniciar las sesiones con El Tamborilero. Este magnífico cantante representa un ejemplo de emprendimiento y valores personales sin igual. ¿O no?

Nada más. Solo me queda invocar como Ud. el concepto de libertad de enseñanza, que tanto utiliza su Gobierno para así justificar disparates tan esperpénticos como el pin parental.

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