Antes que nada, y como acabamos de dejar atrás el Día de Andalucía, desearos a todos nuestros lectores, incluso a los que no sean andaluces, que hayáis pasado un magnífico día rodeados de los nuestros, como se hacen aquí las cosas.
Días atrás he leído en la prensa que, como to’ el mundo no puede ser andaluz ni vivir en nuestro paraíso de comunidad autónoma, uno de los nuestros, afincado en Madrid (esto pasa por tener a los andaluces desempleados), decidió empezar a hacer ferias andaluzas en la capital. Y aunque es verdad que a espabilaos no nos gana nadie, este debe creer serlo porque entre feria y feria ha conseguido organizar lo que algunos llaman “la Feria de Abril más ambiciosa”.
Pero que no se equivoque nadie: este, más que un enteraillo, es un crápula que pretende llenarse “la de Ubrique” a costa de vender nuestra cultura y una de las tradiciones más antiguas de los sevillanos y del resto de Andalucía. No todo el mundo puede ser andaluz, pero este tal Francisco de Puala (que de santo solo tendrá el nombre) tampoco, o al menos no se lo merece. Utilizar nuestras tradiciones para enriquecerse no es amar Andalucía, es ser un sinvergüenza.
Algunos escriben que a los andaluces nos ha sentado mal este proyecto y que hablamos de “apropiación indebida”, y yo como andaluza no puedo estar más de acuerdo. Lo primero que se me pasó por la cabeza fue preguntarme cómo la Junta de Andalucía y los responsables del patrimonio no hacen por parar esta ridiculez. Pero claro, luego recuerdo el principal motivo de todos los males: Don Dinero.
¡Andaluces, levantaos! Que a este paso van a usar nuestra bandera para que turistas y pijos se limpien la boca en la “Madrilucía” y escupan los caracoles cuando les dé fatiga al probarlos.
Porque sí, es para estar molestos: las ferias no solo forman parte de nuestra cultura, sino también de nuestra economía y nuestro turismo. Pero confiemos en que nosotros tenemos algo que ellos no: buen tiempo y sol. A ver si hay suerte y les cae la lluvia y, en vez de trajes de flamenca, tienen que vestir botas de agua y paraguas.
El que quiera playa, que se venga para Andalucía; el que quiera ferias, sierra y pueblos blancos, que se baje a los nuestros. El jamón, el marisco y el cuchareo aquí son los mejores; por mucho que presuman del cocido madrileño, no hay nada como un plato de menudo mojando sopones de pan.
La fe, el flamenco, la fauna, la flora, el arte, el cante, las risas y la buena gente se encuentran bajo la bandera blanca y verde. Porque la feria sin los sevillanos y sin los andaluces ¡no es feria!
Que lo intenten, a ver qué arte va a tener un guiri bailando en una caseta con uno de Getafe. ¡Que no les falte de na! Pero les faltará lo más importante: los andaluces, la hospitalidad y el salero con el que recibimos a todo aquel que viene a disfrutar de lo nuestro.
Yo soy andaluza por nacimiento y siempre he considerado que andaluz es todo aquel que ame esta tierra, su cultura y su historia. Si no eres de estos, jamás podrás sentir como nosotros por muchas casetas que montes.
Una vez más me siento orgullosa de ser andaluza y de los valores que tenemos por haber nacido en una tierra que nunca se ha cansado de defender lo suyo. Si existen tantos siglos de luchas es porque solo se ambiciona lo que es un tesoro. Y el tesoro de los andaluces, nuestra tierra, todo el mundo lo quiere.
Y como dice el refrán: “la avaricia rompe el saco”, espero ver cómo aprenden a coser agujeros quienes quieren apropiarse de lo que no es suyo.
¿Andevá?
Definición: ¿Hacia dónde te diriges? También se usa para pararle los pies a un flipao.
