Perdidos, desorientados y a la defensiva

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Juan Miguel Garrido Peña

Miembro de la Asociación de Hombre Igualitarios de Andalucía. (A Rocío siempre, antes, después y luego)

Una imagen de la pasada concentración feminista a las puertas del Parlamento Andaluz. FOTO: MUJERES 24H.
Una imagen de la pasada concentración feminista a las puertas del Parlamento Andaluz. FOTO: MUJERES 24H.

Me pongo a escribir sin un guión o idea fija, y lo hago sobre cuestiones de las que a los hombres nos gusta poco hablar, como género, estereotipos, privilegios, patriarcado, feminismo..., y por eso pasamos de puntillas. No quiero, sin embargo, criticar, reprochar, o recriminar a los hombres, entre los que me encuentro, sus comportamientos, ni su pasividad ante las desigualdades y violencias que diariamente padecen las mujeres. Me gustaría hacerles ver los beneficios que la igualdad tiene también para nosotros. Pero como digo no tengo una idea fija, así que veremos lo que sale, ustedes dirán.

Que los hombres no estemos por labor de contribuir con nuestro cambio, a una sociedad más igualitaria entre mujeres y hombres es algo que entiendo, y no entiendo. Lo explico. Comprendo que hemos sido socializados en una cultura patriarcal, que nos ha dicho lo que tenemos que hacer, decir, y sentir para ser hombres. Que esa socialización ha logrado que normalicemos la desigualdad, y la invisibilicemos, y que asumamos aquellos roles y estereotipos, que nos dicen que son nuestros, e ignoremos los que no lo son.

La socialización que busca perpetuar la idea de la supremacía masculina (el género fuerte), ha  logrado infravalorar las tareas asignadas a las mujeres. Por eso rechazamos asumir las del hogar y los cuidados, o expresar nuestros sentimientos, porque ello significa bajar en el escalafón social y económico, y por lo que de identificación con lo femenino supone. Y recordemos que ser hombre, es ser lo opuesto a ser mujer.

Pero que todo esto sea así, no significa que no estemos preparados, o que seamos incapaces de quitarnos la venda del machismo que nos cubre los ojos, para ver otra realidad. Necesitamos interiorizar otra forma de ver y mirar, y hacerlo desde el punto de vista de las mujeres. Una vez que comencemos no podremos parar, y no porque haya demasiadas desigualdades, sino porque sencillamente todo es desigualdad.

También nos daremos cuenta, que el patriarcado, el machismo y sus defensores, responden a un patrón de sociedad, y a una concepción capitalista de las relaciones, a la que solo le interesa perpetuar las desigualdades y las jerarquías, para seguir obteniendo grandes beneficios.

Los hombres que no somos unos machistas de libro, pero que sí somos machistas, porque así hemos sido socializados, que no pensamos en nada más, porque quizás apenas leemos, o casi no vamos al teatro, y así es imposible tener un criterio propio, nos creemos todo aquello que nos dicen, y estamos muy perdidos. Perdidos, ante el empoderamiento, la lucha, y la capacidad de las mujeres para exigir y ocupar espacios que antes se les negaban, porque eran territorio exclusivo de los hombres. Perdidos ante el nuevo machismo recalcitrante que lanza soflamas de odio y violencia, bajo un falso discurso de defensa de la igualdad, y perdidos ante estos nuevos hombres, que se alinean con las mujeres, y cuestionan nuestro modelo de masculinidad. Y sinceramente, creo que no sabemos por ni para donde tirar.

Pero los hombres debemos ser valientes. Nos corresponde dar un paso a delante, comenzar a reflexionar, y cambiar.  No tener miedo a que se nos tache de raros, homosexuales, o machitos. Nos irá mejor. Ser hombre no es sinónimo de fortaleza e insensibilidad. Ser hombre no es ser masculino, ser hombre no es ser violento, es más sencillo, ser hombre es respetar, relacionarte y expresarte en libertad. Ser hombre no es ser lo opuesto a ser mujer, ser hombre es salir del armario de la masculinidad, y aceptar nuestro lado femenino, ese que todos tenemos.

Si lo hacemos así, disfrutaremos de nuestras emociones y nuestro cuerpo. Podremos declararnos vulnerables sin temores, ni vergüenza. Tendremos mayor esperanza de vida,  menos posibilidades de ser encarcelados,  ser víctimas y victimarios de delitos violentos,  padecer menos enfermedades, y no causar tantos accidentes de circulación mortales.

Tendremos una vida sexual más sana y completa, porque dejaremos de violar, acosar, abusar, y asesinar a las mujeres, no pensaremos que ellas nos pertenecen, y comprenderemos que no tenemos el más mínimo derecho a decir sobre sus vidas. En definitiva seremos más libres, y es sabido, que la libertad es un elemento consustancial para la felicidad. Las mujeres y la humanidad nos lo agradecerán.

Pero también existe el riesgo de que esa situación de incertidumbre y desorientación nos lleve a  las garras del neomachismo, y a su discurso mentiroso, xenófobo, homófobo, y violento. Y más ahora donde muchos hombres están a la defensiva, porque dicen sentirse ofendidos, maltratados, o abandonados, y que la causa de un activismo político machista, se incrementa sin pudor y sin rubor, en forma de movimientos y partidos políticos ultras.

Evitar esta derrota, y contribuir al cambio de los hombres hacía posiciones favorables a  la igualdad, es una tarea que no podemos delegar en nadie, es nuestra misión como hombres, y sobre todo de aquellos que nos creemos y llamamos igualitarios, y feministas. Pongámonos a ello.

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