Pepa y agua 'pa la seca'

"Hasta los niños que no han pisado una discoteca en su vida tienen ganas de desmadre. Solo es cuestión de tiempo y tiene pinta de que va a ser más pronto que tarde"

Desalojan a nueve personas del interior de una discoteca con licencia suspendida en Sevilla.
Desalojan a nueve personas del interior de una discoteca con licencia suspendida en Sevilla.

Si antes de abrir el artículo ya estabas pensando en cómo termina la frase del título ritmo incluido, es que te estás muriendo por dentro a falta de una fiesta loca. Después de año y medio de parón, realmente es un sentimiento general, se nota en el ambiente. El otro día vi a un niño de 10 años cantándole desde su ventana esto mismo a dos chavalas vestidas como para salir de fiesta que iban a entrar en el kiosco de su bloque para comprar tabaco. Hasta los niños que no han pisado una discoteca en su vida tienen ganas de desmadre. Solo es cuestión de tiempo y tiene pinta de que va a ser más pronto que tarde.

La situación empieza a ser insostenible y se desmorona por si sola. Solo hay que ver la que se ha liado en el barrio de Sants de Barcelona por sus fiestas mayores, con cargas de antidisturbios a las 4 de la madrugada. Sin irnos tan lejos, en la noche del viernes al sábado cazaron en Sevilla una fiesta con 415 personas a eso de las 03:20 horas de la madrugada. Aquí quien no corre vuela y ya hay quien recoge el guante. Ayer Moreno Bonilla declaraba sus intenciones de ampliar horarios y aforos de ocio y hostelería. Si bien hace poco esta medida hubiera parecido temeraria, con el porcentaje de inmunizados de hoy es una medida que aunque sea arriesgada tiene muchas posibilidades de éxito. A unas malas siempre se puede retroceder, así que avancen con todo.

De ser esto así, podemos esperar unas Fiestas de la Vendimia moviditas. De por sí esta parecía la idea, volver a la normalidad en todo lo que se pueda y tirar la casa por la ventana con norias y conciertos gordos para celebrar que se sale de un bache profundo. Da la sensación de que el fino va a correr como la pólvora y que entrar en Damajuana va a ser misión imposible. De todas formas, creo que todo esto es solo el preludio. Aunque mis amigos no piensan igual, yo creo que la fiesta madre de todas las fiestas tendrá lugar estas Navidades. Tras casi dos años de ganas acumuladas y todos los voluntarios vacunados, veo en el horizonte las luces de discoteca.

Hay quien dirá que todavía no estamos a salvo del covid, pero es que nunca lo estaremos. Realmente lo que se pretende con la vacunación es rebajar su amenaza al nivel de un resfriado. La convivencia con él da para largo. Esperar hasta su total neutralización es un camino pesado, imposible de seguir una vez que los quinceañeros prueban la fiesta como cuando en cualquier película de miedo mala se dice que el monstruo en cuestión acaba de probar la carne humana. A la vista viene una epidemia nueva, la epidemia del baile. Parece broma, pero han existido casos y se le ha puesto el nombre de coreomanía. Miles de personas bailando hasta la muerte. No sé que se escucharía en el renacimiento, pero esta vez tiene pinta de que va a sonar “Pepa y agua pa’ la seca, to’ el mundo en pastilla’ en la discoteca”.

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