Pelayo en El Rocío.jpg
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La noche de las elecciones municipales de 2011, tras certificar su abrumadora victoria y ya entrados en la medianoche, los dirigentes del PP jerezano se recogieron pronto. Salieron del Hotel Tryp Cristina rumbo a sus domicilios y dejaron atrás otra jornada histórica de tsunami electoral en Jerez. Aquel 22 de mayo. El teléfono móvil de María José García-Pelayo estaba a punto de estallar aquella noche, pero ella tenía claro que "la cosa no está para celebraciones", como repitió hasta la saciedad incluso a algún periodista que la llamó para felicitarla. No hubo cena, ni copas. Ni fiesta. Ni mucho menos champán de la victoria. "No está la cosa para celebraciones. Mañana hay que trabajar", repetía como un mantra autoimpuesto. Los flashes de los periodistas gráficos captaron euforia contenida después de escrutarse las papeletas, pero nada de exhibición, nada de excesos.

Cuatro años antes de aquello, Pilar Sánchez, su predecesora en el cargo, también fue capaz de arrasar en las urnas y convertirse en alcaldesa de Jerez con mayoría absoluta tras 24 años de pachequismo. Su abultado triunfo en las elecciones municipales de 2007 fue igualmente digno de ser calificado como histórico. En este caso, ¿cómo lo celebró? Marchándose, aún de madrugada, a la aldea del Rocío. No había estallado la crisis generalizada y todavía los políticos podían permitirse ciertos deslices y licencias ante la opinión pública. Luego, en los cuatro años siguientes, multiplicó su osadía y acabó pagándolo con creces en lo político e incluso en lo personal.

En junio de 2007, Jerez rozaba los 17.000 desempleados; en 2011, la cifra creció hasta las 29.506 personas desocupadas; y hoy, en junio de 2014, hay 34.136 parados y paradas. La mitad de ellos sin prestación social. Unas 60.000 familias en exclusión o directamente sobreviviendo bajo el umbral de pobreza. Lo dicen organizaciones nada sospechosas como Cáritas. En solo tres años, la alcaldesa del PP ha pasado casi del retiro monacal del comienzo de legislatura, siempre jugando al límite para que nadie la criticase, siempre siéndolo y pareciéndolo, a la magistral fotografía captada ayer en el Rocío por el joven fotoperiodista José Contreras que ilustra este Editorial y que circula desde ayer a toda velocidad por las redes sociales y los grupos de Whatsapp. Es el summum de la inconsciencia del poder congelada en un fotograma.

La ficticia paz social ganada a pulso palmo a palmo con la compra de voluntades, el abominable juego clientelar y las patadas hacia adelante a los impagos; una abrumadora política de marketing con eventos para la ciudad totalmente huecos; y un telón de acero ante los gravísimos problemas que sufre la ciudad, que cambie todo para que nada cambie, han sido los aliados para hacer creer a Pelayo, en apenas tres años, que tiene carta blanca para el desmelene que arroja esta imagen a plena luz del día. Jaleada por algún que otro devoto.

Pero su éxtasis rociero, a buen seguro, no tiene nada que ver con aquellas míticas declaraciones de su amiga Fátima Báñez en las que solicitaba ayuda de la Virgen del Rocío para rebajar la tasa de paro, que sigue siendo alarmante. Su delirio rociero tampoco tiene nada que ver con mejorar los famélicos servicios públicos, muchos de ellos desmantelados o directamente malvendidos al mejor postor. Tampoco con la rehabilitación del centro y las barriadas, ni con resolver la tragedia de la exclusión social. Su paso por la aldea y por la casa de Hermandad del Rocío de Jerez, esa cuya obra está pendiente en los tribunales, no tiene nada que ver con un Jerez mejor. Con un futuro mejor para TODOS y TODAS.

Su momento romería es más propio del puro carpe diem que del ora et labora. Si hace tres años la cosa no estaba para celebraciones, el momento actual no es mucho mejor. Una mentira repetida mil veces sigue siendo una mentira. La borrachera de poder nubla la vista y provoca espejismos, desapego con la terca realidad del día a día y con la pesada carga de la gestión municipal. Y hasta todo eso puede llegar a entenderse. Pero, ¿descuidarlo todo, abandonarse solo pensando en los votos y dejar estampas de vergüenza ajena ante una opinión pública perpleja...? Eso a un representante público no hay Dios que se lo perdone. O quizás no sea para tanto...

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