Porque nos va la vida en ello, es central asumir la realidad climática. No como una opción estética ni como una oportunidad electoralista para convertir las emergencias y tragedias en publirreportajes a base de selfies, ruedas de prensa y botas metidas en el agua. Mientras los servicios públicos desalojan a familias en el cumplimiento de su labor esencial de salvaguardar a la población, quienes han impulsado políticas y mensajes negacionistas se colocan como protagonistas salvadores, pasando por encima de las personas que tienen que abandonar sus casas y enseres, con la foto de quienes han propiciado esta situación y la van a acelerar y agravar.
Así, mientras la ciudadanía vivimos con ansiedad y miedo ante temporales cada vez más extremos, frentes de borrascas y episodios de enorme gravedad, lo verdaderamente importante para Juanma Moreno y María José García Pelayo parece ser ganar el relato, imponerse en la batalla comunicativa. Tal y como Feijóo le indicó a Mazón en uno de sus mensajes durante la dana “lleva la iniciativa en la comunicación, es la clave”, el objetivo no es ejercer liderazgo ni asumir responsabilidades, sino desplegar propaganda minuto a minuto, incluso por encima de la información oficial y rigurosa que necesita la población.
Pero tanta foto, tanta cercanía sobreactuada y tan bien aireada no deben hacernos olvidar una cuestión fundamental: la Junta de Andalucía tenía competencias y capacidad para actuar cuando la situación empezó a ponerse peligrosa, y decidió no hacerlo. Juanma Moreno volvió a elegir que la economía siguiera funcionando, aunque la gente se jugara la seguridad en cada desplazamiento. Esa es la lógica del neoliberalismo climático: beneficios por encima de vidas. Y García Pelayo, lejos de enfrentarse a esa lógica, asumió un papel subordinado, renunciando a defender a la población jerezana para no incomodar a su jefe político.
Este temporal y la catástrofe que lo acompaña no son mala suerte ni un fenómeno aislado. Son el resultado directo de años de políticas negacionistas, de gobiernos que trivializan el cambio climático mientras fomentan modelos de desarrollo insostenibles, urbanismo salvaje y precariedad laboral. El negacionismo climático también se expresa cuando no se actúa, sabiendo perfectamente el riesgo que existe.
Desde una mirada ecosocialista y ecofeminista, el problema es estructural. La emergencia climática golpea con más fuerza a quienes menos tienen, a quienes no pueden teletrabajar, a quienes no pueden decidir quedarse en casa y a quienes sostienen los trabajos de cuidados. Por eso tiene una repercusión desproporcionada sobre mujeres y niñas, y hace imprescindible que los objetivos feministas también formen parte de la respuesta a la crisis climática. Obligar a la gente a ir a trabajar en estas condiciones es una irresponsabilidad política de primer nivel
Juanma Moreno y García Pelayo, obedientes a la táctica comunicativa marcada por la dirección de su partido, han elegido la foto antes que el conflicto con la patronal, la propaganda antes que la prevención, el titular amable antes que la decisión valiente, el abrazo a la víctima, aprovechando su vulnerabilidad, antes que la justicia climática. Pero el agua no entiende de marketing y el clima no espera a que termine la sesión fotográfica.
En Andalucía, en Jerez, necesitamos gobiernos que pongan la vida en el centro, no lideres de cartón piedra que aparecen cuando hay cámaras y desaparecen cuando hay que hacer política. Menos postureo institucional y más acción real. Porque esto no va de salir en la foto ni de representar el papel de héroes antes una adversidad puntual. Esto va de cambiar el sistema, de luchar por un modelo que cuide lo más valioso que compartimos como humanidad: el planeta tierra. Nos va la vida en ello.
