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Quizás el título de este artículo no sea el más acertado, sobre todo porque el único parecido con la realidad quizás no vaya más allá del hecho de que Pedro también está en prisión como lo estuviera hace ya muchos años el conocido personaje de la película de Vicente Aranda. Pero es que es precisamente eso, la privación de libertad de Pedro Pacheco, lo que me lleva hoy a escribir sobre él.

Pedro está pasando sus terceras navidades en prisión, sin que hasta el momento haya disfrutado de ningún permiso penitenciario. Por ello hace pocos días, cuando un medio de comunicación hacía pública una entrevista con un excompañero suyo en Puerto 3, no podía menos que acordarme de quién fuese alcalde de la ciudad de Jerez durante décadas, parlamentario andaluz y diputado provincial entre otros cargos. Y su recuerdo me provocaba una sensación de desasosiego que sin embargo no me impedía establecer paralelismos entre su destino y el de otros políticos y financieros, o ambas cosas a la vez, que a día de hoy gozan del privilegio de la libertad.

Quizás la mala suerte de Pedro fue no haber recibido algún SMS pidiéndole ser fuerte, ese “sé fuerte Pedro” que nunca recibió para desgracia suya, quizás porque nunca militó en un partido grande, de esos en los que el presidente siempre tiene a mano un teléfono móvil con el que abrirte una puerta a mitad del túnel. Pero volviendo a la entrevista, el titular que la encabezaba me provocó una extraña sensación que de una parte me reafirmaba en la opinión que siempre tuve de él y de otra me tranquilizaba sobremanera, aquel hombre que dirigió, con sus luces y sus sombras, durante tantos años los destinos de la quinta ciudad de Andalucía había sabido aceptar los negros designios del destino, al que le habían llevado los renglones torcidos de la justicia, utilizando su saber en beneficio de otros, sus compañeros de prisión. Afirmaba aquel exrecluso de la entrevista algo tan sencillo al tiempo que humano: “Pacheco no hace otra cosa que ayudar”. Ha sabido convertirse en una referencia para quienes viven su misma experiencia haciendo lo mismo que probablemente fue la causa de su situación actual.

Aquel camino que se iniciaba un viernes 24 de octubre del año 2014 cuando funcionarios de la Policía Nacional le detenían mientras se dirigía a desayunar con unos amigos es, todavía y quizás injustamente, un camino sin retorno en el que Pedro Pacheco, el hombre que construyó su particular ciudad-estado en Jerez de la Frontera, ha comprobado sin lugar a dudas que la vida también tiene como la luna su lado oscuro, ese en el que habitan tantos miles de “amigos” que olvidaron pronto al ídolo caído en desgracia por aquello tan de moda hace unos años y que nos intentaron explicar con el estribillo de la “acción ejemplarizante de la Justicia”, probablemente esa misma Justicia a la que Pedro en sus mejores momentos calificara como un “cachondeo”. A la vista está que hay cosas que el paso del tiempo no borra y terminan pasando factura.

En estos días tan señalados, de espíritu pretendidamente bondadoso y a raíz de la publicación de la entrevista antes mencionada, he tenido la ocasión de comentar con algunos amigos la triste situación por la que viene pasando Pedro, nos sigue pareciendo una condena desproporcionada y discriminatoria la que recibió por “colocar a dos personas”, si eso fuese así la mitad de la clase política podría estar en la cárcel y la otra mitad en diligencias previas. Probablemente esto que acabo de escribir sea tan exagerado como su propia condena si tenemos en cuenta que los Rato, Bárcenas y compañía han vuelto a casa por Navidad y algunos, los más amigos, nunca se fueron.

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