¡Pasen y vean!

No se preocupe si no queda muy contento, le ocurre a todo el mundo. Lo que pasa en el Casino-Circo planetario, no se queda en él, contaminará todos los aspectos de su vida

Fotoperiodista.

'Pasen y vean', por Emilio Castro.

¡Niños y niñas, madres y padres, abuelos y abuelas, mascotas y mascotos! ¡Bienvenidos al Casino-Circo planetario! ¡Pasen y vean el mayooor espectáculo del mundooo!

Aquí podrán ver lo invisible y escuchar lo inaudito, soñar con utopías, pensar que otra vida es posible, creer que en el fondo, los reyes de la pantomima tienen buen corazón. Por un momento podrán olvidar sus hipotecas, no sabrán cuando llega fin de mes, podrán imaginar un carrito de la compra lleno a rebosar, sus hijos tendrán futuro y usted una buena jubilación. Aquí todo es posible, total, soñar es gratis. Eso sí, recuerden que la entrada no les da derecho a soñar con la paz mundial, como si fuesen miss universo.

Relájense con nuestras increíbles atracciones, mitad circenses, mitad de timba clandestina. Verán cómo los magnates y los mangantes, se juegan sus ahorros a la ruleta rusa. Aplaudirán, hasta dislocarse las muñecas, al último que quede en pie. Quedarán deslumbrados ante el brillo de tanto oropel, que necesitarán gafas de sol, (recuerden que tenemos servicio de alquiler de antiparras por tan solo cinco euros y de tapones para los oídos, para no oír los llantos de los empresarios más exitosos).

Pasen, pasen y vean en la tercera pista, a los banqueros del universo jugar al tocomocho con el tercer mundo; no tenemos forzudos, pero tenemos forrados. Admiren la elegancia de los responsables de los organismos reguladores, con la mirada fija en el tendido y los “sonotones” apagados. Deléitense con el alegre coro de loros amaestrados garriendo como si estuvieran en las tertulias televisivas. No se arrepentirán de ver en acción a nuestras fieras, tenemos de todo: Buitres Quebrantahuesos que llegan hasta el fondo del tuétano y Fondos Buitre que no le dejarán un hueso sano; ratas patrióticas, muy hábiles trepando por el palo de la bandera; perros salchicha pillando al vuelo solomillos de ternera retinta; elefantes huyendo del Emérito; sapos cancioneros desafinando, no les cabe dentro ni una mosca más.

No olvidaran a los trapecistas sin red social que aguante su peso, ni a los lanzadores de cuchillos por la espalda, ni a los tragadores de fuego eterno con sotana. Disfruten con los magos de las finanzas, son unos grandes artistas; ¡nada por aquí nada por allá! les dirán cuando desaparezcan sus ahorros. Ríanse con las ladillas que se hacen pasar por pulgas, eso sí que es travestismo político, señoras y señores. Aprendan de los funambulistas a hacer equilibrios sobre un solo cable, se ahorrarán una fortuna en la factura de la luz.

Ríanse a mandíbula batiente con nuestros queridos payasos, “Trumpetti”, con su corbata roja de metro y medio, y su nido de huevo hilado en la cabeza. “Putinov”, el hierático clon serio, lanzador de amenazas imperiales y… ¡Directamente del extremo oriente! llega “Xigin pong”, vestido de Winnie de Pooh, quedándose con todo el tarro de la miel. Vean que bien se lanza a la piscina, pero sobre todo, admiren qué bien guarda la ropa. Asómbrense con el desternillante desconcierto de los payasos europeos reuniéndose en todas las pistas del Casino-Circo, unidos en el desacuerdo.

Disfruten viendo como vuelan los dados de su destino en manos de trileros expertos, triunfadores de dientes muy blancos y colmillos muy afilados ¡Guau! tienen la piel bronceada en las playas de los mejores paraísos fiscales. Esto es una fiesta, aquí  todo es risa y alegría, tenemos champán del bueno para cenas de picoteo de líderes ultras, que brindarán por las almas cristianas de los inmigrantes que se traga el mediterráneo.

¡Qué divertido!

Vengan con toda su familia, a ver cómo se divierten los demás. Pero tráiganse la comida de casa, porque aquí hay mucho circo, pero poco pan. Recuerden, que este no es el Coliseo Romano, no hay gladiadores enfrentándose a leones con tirabuzones ni gladiadores en minifalda. Aquí sólo hay fieras “corrúpias” que juegan con las cartas marcadas y huyen con las maletas llenas de buenas intenciones.

Olvídense durante un rato largo de lo bonita que es la vida y sumérjanse en la cutre realidad. Pero no se hagan mala sangre, pues en este espectáculo sólo harán bulto, serán espectadores sin voz ni voto, sin vela en su propio entierro. Seguro que más de uno envidia al escapista zafándose de sus cadenas para quedar en libertad, que tan falsa como todo lo demás. Pero no se entristezca, aquí solo cabe la algarabía. Piense que es peor en América Latina, donde los tragasables usan sus espadas contra el público, o en África, donde los espectadores no pueden salir de la función a no ser que sobornen a los porteros.

No se preocupe si no queda muy contento, le ocurre a todo el mundo. Recuerde que, lo que pasa en el Casino-Circo planetario, no se queda en él, contaminará todos los aspectos de su vida.

¡Aquí siempre gana la banca!

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