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Alberto Cabral Bellido - @albertocb3

Podemos hacer muchas cosas y probablemente no queremos o no sabemos hacerlas. Dejar de hablar de Podemos, por ejemplo. Se va acercando un nuevo año de elecciones y parece como si tuvieran que enseñar a algunos de qué va eso de hacer campaña y con razón. ¿Por qué? Pues porque a veces los seres humanos no aprendemos, por mucho que podemos, aunque quizás no queremos o no sabemos.

Últimamente las tertulias están copadas por supuestos defensores de la democracia que se amedrentan ante la irrupción en política de un grupo de indignados liderados por un chico con cara de enfadado que sólo dejamos de ver en la cadena del número seis cuando se van a los anuncios. He hablado de tertulias y no lo hago únicamente de las televisivas, sino de las que surgen a pie de calle, en los bares, o a pie de Twitter, que es donde parece que pasan ahora las cosas importantes. Pues bien, estos tertulianos intranquilos e inquietos se pasan las horas rebuscando una posible basura en el pasado del chico de la coleta y el de sus colegas. Sí, justo aquello de "Se cree el ladrón...".

Sin embargo, parece que estos demócratas de piernas temblorosas llevan a veces algo de razón y sacan a relucir parte del fango de las cloacas de la nueva formación, aunque más que probablemente, de la manera menos adecuada y con los voceros menos apropiados. Pero, ¿qué ganan con ello? No sólo no ganan, sino que pierden. Dudo que haya que ser profesor como muchos de estos que gritan "¡Sí se puede!" para deducir que hablar tantísimo de ellos nada más que les beneficia. Es lo que siempre ha sido eso de "que hablen de mí mal o bien, pero que hablen" y con más motivo si lo hacen los que lo están haciendo. En eso se basa Podemos.

No sé si algunos no quieren o no pueden percibirlo, pero es así; una chavalería prácticamente desconocida se presenta a unas elecciones a nivel europeo sin contar siquiera con logo propio y terminan dando un buen sustito a algunos. Y ahora, en vez de buscar la explicación y las posibles soluciones, los que dieron el respingo se ponen manos a la obra para derrocarles. Pero, si esta es su estrategia, no lo van a conseguir. Y más cuando en esta versión de la historia es el lobo el que te advierte de que Pablo está al acecho.

Señor Don Lobo, váyase usted a barrer su casa y luego viene a criticar lo sucia que está la del vecino. A veces uno llega a dudar de aquellos que asesoran a los partidos tradicionales porque sorprende que no sepan todavía y después de tantos años cómo funciona el juego de la publicidad (o más bien, propaganda) gratuita. Después nos vienen con que las ideas totalitarias triunfan en épocas de crisis. No, señores lobos, las ideas totalitarias triunfan cuando ustedes quieren y pueden otorgarle exposición a cualquier cosa que hagan los que son sus enemigos, por mucho que sea para criticarles. ¿O no lo sabemos?

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