Nuestrøs cuerpos: maniquís besándose. Autor: PMC
Nuestrøs cuerpos: maniquís besándose. Autor: PMC

La ASEAN crea la mayor zona comercial del Mundo. Una ecologista austriaca, Sigrid Maurer, dice que un condenado por terrorismo no debe estar en una cárcel como las demás. Trump anuncia que ha perdido las elecciones, pero que solo un poco, y vamos a ver en qué quedan los resultados del Senado. La Casería de Cádiz: un último rincón ahora moribundo. La vacuna contra el Covid-19 ya es el lobo del cuento y seguimos sin organizar una vida distinta.

Mientras tanto la gente ya solo se besa en los escaparates o en su casa. En la primera ola vi a unos jóvenes con mascarilla en el mercado. Un impulso que me pareció enormemente poético. Ahora han salido unos jóvenes, por orden del Gobierno alemán, tirados en una cama y comiendo nuggets de pollo. Él es ingeniero, estudiante, ¿y ella? ¿Era la repartidora de pizza o ya se conocían y era la que salió a comprarla? De rasgos orientales, no se sabe lo que estudiaba ni si estudiaba. La historia la cuenta el patriarca ancestral, que es como se cuentan las cosas para muchas personas.

Ni un beso; una mano efímera por la espalda de ella. No son vegetarianos, miran la tele y lo más joven que hacen es que él, el ingeniero, lanza por el aire lo que le queda de un trozo de pollo después del mordisco, mientras ella lo mira con mirada cómplice de desaprobación no en serio. Sí, el neopuritanismo y el modelo conservador de la familia y la sociedad están también en ese vídeo, anillo matrimonial incluido mientras cierra una ventana.

Tengo que pensar en todo esto mientras leo y escucho sobre la necesidad recíproca de los cuerpos que se extrañan. Una guía de la ciudad de Nueva York recomienda la masturbación. Un diario en español inserta una noticia sobre el último juguete sexual para varones. Se recomienda la abstinencia o el amor propio para personas que viven sin otro cuerpo a la mano, y la realidad es que mucha gente vive sola o vive con sus padres. Una amiga de twitter puso un post que decía: “estoy en una de esas noches [en que] necesito un abrazo de esos que terminan en polvazo”. Pensé que era importante dedicarle algo más de atención a esta necesidad.

En pandemia se escuchan muchas órdenes, muchas quejas, pero se escuchan también muchas expresiones de puros deseos y de necesidades. El amor es una necesidad, y el sexo es una necesidad que forma parte de la salud de las personas. Las relaciones sexuales cuerpo a cuerpo se han vuelto no solo un riesgo sino un imposible, empezando porque no hay posibilidades de encontrarse con personas conocidas o desconocidas con las que quizá se desearía mantener una relación sexual sana, amorosa, así la entienda cada quien como la entienda. Las relaciones sexuales por internet implican otros riesgos que no deberían ser pasados por alto tampoco. La cuestión es, ¿se puede encontrar una solución a esta necesidad en pandemia?

Franz Müntefering, ex vicecanciller socialdemócrata y persona de avanzada edad, decía ayer en Die Zeit: “si quiero eliminar todo riesgo tengo que dejar de vivir”. Ni Müntefering ni yo aconsejamos a nadie que salga corriendo detrás de la Muerte, en alemán es masculino, a decirle que se lo lleve a él también. Pero hay que inventar un Mundo nuevo para nuestras vidas, con riesgos localizables y soportables para todos y para cada quien. Del mismo modo que se mantienen abiertas las escuelas o el transporte público. El Prof. Ugur Sahin, director de BioNTech, que desarrolla una vacuna muy avanzada con la estadounidense Pfizer, habla del invierno de 2021 como el momento posible para regresar a una vida normal, lo que significa dos años en situación de alarma, con distintas intensidades, y distancia entre personas. La falta de vida sexual cuerpo a cuerpo y compartida es necesaria para la salud. Esta vez no nos vale lo de que inventen otros, tenemos que ponernos a inventar nostrøs.

La vida sexual cuerpo y cuerpo incluye muchas emociones que necesitamos vivir, por más perenne o efímera que sea. Una vez más considero que está llamada la conversación a hacerse cargo de este asunto, círculos de conversación que se atrevan a abordar también este problema. Que las conversaciones fluyan, se intercambien y crezcan para ver si entre todøs encontramos una solución para cada quien. Lo curioso es que, una vez más, veremos el trasfondo económico a nuestras vidas sexuales. Desempleo y falta de casa jugarían un papel a la hora de formar una comunidad para compartir el amor. La vuelta al amor será lo más extraordinario que podamos hacer.

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