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Habremos oído decir al comunicador de turno ese manido eufemismo “les dejamos con unos consejos publicitarios y volvemos”. ¿Consejos? Claro que sí, guapi.

¿Qué decir de la publicidad que no se haya dicho ya? No erraría al decir que todos hemos experimentado un inevitable amor-odio hacia ella. Nunca olvidaremos algunos buenos anuncios, a la par que habremos odiado otros hasta el punto de tener que hacer zapping por tal de evitarlos. A veces habremos blasfemado al ver que justo en la escena más interesante de la película saltaba ese molesto “volvemos en 7 minutos”; aunque también habremos podido agradecer esa pausa para ir al baño o echar un cigarrillo. En otras ocasiones habremos oído decir al comunicador de turno ese manido eufemismo “les dejamos con unos consejos publicitarios y volvemos”. ¿Consejos? Claro que sí, guapi.

Pese a ello, por más que a veces pueda resultar molesta, la publicidad es fundamental para la supervivencia de los medios de comunicación y sin ella, inminentemente, muchos de ellos no se sostendrían. No he dicho nada revelador, es algo obvio, aunque en internet, como de costumbre, es sencillo saltarnos ciertas normas y al contrario que con la televisión o la radio, podemos evitar estar expuestos a la publicidad, igual de necesaria para el sustento de la mayor parte de las páginas web, incluida esta misma.

Los bloqueadores de publicidad, más conocidos en la jerga internauta como adblockers, son complementos sencillos de instalar en un amplio número de navegadores de internet tanto para ordenadores, smartphones y tabletas. Las opciones que pueden ofrecernos los adblockers, qué duda cabe, resultan sugerentes. En muchos portales evitan la aparición de ventanas emergentes, pop-ups o anulan esos anuncios que ocupan prácticamente toda la pantalla y que tienen un icono para cerrar bastante pequeño y difícil de clicar. También anulan la aparición de anuncios en Youtube u otros portales de reproducción de vídeo. A veces, incluso, contribuyen a que nuestra navegación sea más fluida.

La labor de estos bloqueadores puede resultarnos atractiva y beneficiosa, pero… ¿es responsable hacer un uso permanente de ellos? Si algunos portales archiconocidos y con millones de visitas diarias ya han manifestado quejas, mayor o menormente justificadas, de la repercusión económica que está teniendo el uso de los adblockers en sus ingresos, ¿qué daño pueden producir estos en webs modestas?

Bien cierto es que podemos inhabilitar estos bloqueadores en las páginas que elijamos, aunque el número de internautas considerados, siendo realistas, no es destacablemente alto y algunas páginas modestas pueden verse seriamente perjudicadas.

En este caso concreto, tenemos poder sobre la publicidad, esa imposición a la que somos y seremos sometidos por los siglos de los siglos. En internet, libres como pajarillos, podemos elegir si queremos aguantar anuncios o pasar de verlos. Aunque como le diría el tío Ben a Peter Parker, más conocido por Spiderman, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Imagina sobre tu hombro derecho a un angelito diciéndote que tienes que mirar por el sustento de las webs y sobre el hombro opuesto a un demonio convenciéndote de que lo mejor es que te saltes los anuncios, que cada palo que aguante su vela. También es posible que este asunto te la sople, pero ahí dejo la reflexión.  

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