Nuestra salud vale más que vuestros besamanos

Por favor, suspended estos eventos de alto riesgo de contagio. No esperéis a que sea el Gobierno el que los restrinja, porque eso tendría otras consecuencias indeseadas, como aumentar la alarma innecesariamente

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Pablo Fdez. Quintanilla

Licenciado en Periodismo y Máster en Comunicación Institucional y Política por la Universidad de Sevilla. Comencé mi trayectoria periodística en cabeceras de Grupo Joly y he trabajado como responsable de contenidos y redes sociales en un departamento de marketing antes de volver a la prensa digital en lavozdelsur.es.

Un besamanos a una virgen. FOTO: Flickr Iglesia de Valladolid
Un besamanos a una virgen. FOTO: Flickr Iglesia de Valladolid

No hay que caer en alarmismos. El coronavirus es como la gripe, pero con mayor letalidad en algunos grupos de población, con una mayor capacidad de contagio y para el cual no hay vacuna ni tratamiento probado conocido que funcione con una eficacia más o menos prevista. Pero decir eso, que estar atentas, intentar contenerlo, no es caer en alarmismos.

Dicho esto, hay medidas que son necesarias y muestras que una parte de la ciudadanía parece fuera del mundo. Así de claro. Mientras en Italia suspenden eventos, clases y demás; mientras que otros países luchan por la prevención, hacen acopio de elementos sanitarios como mascarillas... Aquí, hay más de uno que dice que no renunciará a los besamanos y que los partidos no pueden ser a puerta cerrada, que el resultado es muy importante para el equipo y necesita a su afición.

Cuando el ministerio de Sanidad y la consejería de Salud tratan de mantener la prudencia y recomiendan que no se lleven a cabo prácticas que, por sentido común, son fuente segura de contagios, están enviando la pelota al tejado de los organizadores de dichos eventos. Pero una recomendación sanitaria, como tal, no es una cosa menor. Hay que tenerla en cuenta y seguirla, sobre todo cuando hablamos de salud pública.

Al igual que ocurre con las vacunas, el hecho de que la sociedad se cuide es bueno para todos, inlcuso para quien no lo hace, principalmente porque no puede. Dicho de otro modo, los pacientes inmunodeprimidos que no pueden vacunarse necesitan que los demás se vacunen como marca el calendario sanitario, porque de esta forma, el resto no le contagiará.

Imponer una restricción a eventos públicos como besamanos o partidos de fútbol supone elevar una alarma innecesaria, toda vez que las autoridades sanitarias saben de cómo se mueven las cosas en el mundo de las redes sociales. Y el mercado económico. La falta de confianza, el miedo, hacen daño a las finanzas y, por ende, a la economía. Es por eso por lo que no se han cancelado las fallas, por ejemplo, por las pérdidas económicas que supondría. Es mejor recomendar higiene, autoaislarse y llamar al 112 si se cree que uno puede estar sufriendo la enfermedad.

Lo lógico sería que una práctica como el besamanos, que implica un contacto directo de saliva entre personas diferentes, fuera cancelado por la autoridad pública. Hacerlo tiene consecuencias. Lo ideal sería que los organizadores de los eventos recomendasen no llevar a cabo estas prácticas. Hay que mantener el equilibrio del interés público y de la salud pública. Por favor, suspendan los besamanos. No pasa nada por lanzar este año una oración. Pero en este caso, al menos, si existieran casos silentes, los que practiquéis estos besamanos estáis en riesgo de contagio. Los paños no sirven para limpiar de verdad las piezas.

Si no lo cancelan los responsables, si los obispos no apoyan al Gobierno, si los equipos de fútbol no asumen con normalidad estas medidas, tendrán que ser las autoridades gubernamentales las que lo hagan. Y si se llega a eso, el daño social ya estará hecho, porque muchos tomarán este mensaje no como simple contención del virus sino como decreto público de alarma, algo que es malo para todos.

En este caso, la libertad religiosa, o la libertad de acudir a un evento público, no están ni mucho menos por encima de la salud pública. No lo hagáis por no contagiaros vosotros. Hacedlo por los demás, por los que corren el riesgo de no superar esta enfermedad si se expande por nuestro país. No es alarmismo, es responsabilidad. Respeto y aplaudo las muestras de religiosidad de mi tierra, aunque no participe en ellas. La Constitución os guarde siempre vuestro derecho a hacer lo que queráis, pero no os empecinéis, en esta ocasión el riesgo es elevado. Haced la cosa bien. No esperéis a que sea el Gobierno el que lo prohíba. Que Dios os lo agradecerá, o al menos eso creo. Porque en esta realidad mundana, en lo que creo es nuestros sanitarios.

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