Díaz Ayuso, en una imagen reciente. COMUNIDAD DE MADRID
Díaz Ayuso, en una imagen reciente. COMUNIDAD DE MADRID

Rancio, infantil, sin escrúpulos e incluso desolador. Así es el nacionalismo a la madrileña de Díaz Ayuso. La caprichosa del yoísmo. Ni Huesca, ni Teruel, ni Aragón. Todo territorio fuera de la zona limítrofe de Madrid ha sido víctima de su última embestida de deshonra social. En especial, la España Despoblada. Aquella cuyas oportunidades y apoyos continúan a años luz de las grandes urbes. Comparación superflua, injusta y desmesurada.

Casi uno de cada dos “madrileños” no han nacido en la ciudad (INE 2020). Y somos – me incluyo – todos ellos quienes hacemos de esta ciudad un lugar al que siempre querer volver. Madrid es un punto de encuentro. Y el sentimiento de pertenencia que provoca es infinito.

En la política, como en la vida misma, hay algo que nos define por encima de nuestras acciones y colores: el respeto. Si optas por su abandono, renuncias también a la dignidad.

Imaginemos las palabras de Ayuso en boca del govern. No habría perdón.

Salvaguardando las distancias con el catalán y el vasco, este nacionalismo a la madrileña se caracteriza por la supremacía. Incluido hacia el propio Gobierno de España. La de españoles de primera y de segunda. La autodeterminación ciudadana por voluntad personal. Descartada la innecesaria – e inimaginable – independencia: ellos son España. Y así se dicta en su discurso.

A petición de su presidenta, Madrid decidirá el futuro político estatal. De izquierda a derecha: Unidas Podemos se la juega a manos de su mártir. Dispuesto a la muerte política, el salvador Iglesias vuelve a la gran pantalla. Así se dio a conocer en la revuelta del 15-M, en la confección de gobierno con Pedro Sánchez, y ahora. Ese líder que se sacrifica por los suyos, renunciando al poder. Capaz de bajar al barro, a pesar de sus remotas posibilidades de victoria. No lo necesita, no busca la presidencia, sino redimir a Madrid de una derecha “trumpista”. Un tipo generoso que se expone a la vida o la muerte en la capital. Y a todo un Vistalegre 3 frente a Errejón.

Salvador o quizá deseo vehemente de otro antojo personal. Ayer fue su afán por llegar al gobierno; hoy por socorrer Madrid. En caso de fracaso, de vuelta a la Complutense a “enseñar” (permitámonos la broma) política.

Más allá de su cuestionable gestión, el PSOE gana en solvencia gubernamental. La marcha de Iglesias evitará – a priori – esos rifirrafes internos. Con el cambio de orden en las vicepresidencias tras la imposición de Yolanda Díaz, Sánchez reafirma quién es el patrón y sacia su satisfacción. Por la misma razón, pierde en Madrid. Compleja tarea para el catedrático Gabilondo la de agarrar el foco mediático. La polarización tiende a reforzar a aquellos candidatos más llamativos y agitadores como Ayuso e Iglesias. Ese es el juego, la elección del blanco o negro. El bueno frente al malo. La osadía ante la sensatez.

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