Mitläufer, los colaboradores del nazismo
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Nuestros valores éticos, morales, creencias, normas de comportamiento, las aficiones e incluso la idea que podamos tener sobre el bien y el mal, no son solo el resultado de nuestro libre albedrío, sino que están condicionados por circunstancias que en muchas ocasiones nos exceden según cuál sea la sociedad y la realidad del momento en el que vivimos. Pero ello no significa que no podamos cambiarlas.

Sucedió con el pueblo alemán, su odio al judío y el apoyo activo y pasivo pero mayoritario al nazismo, al pueblo italiano durante el fascismo, a nuestro país en los cuarenta años de dictadura, así como a tantos otros países, donde sus poblaciones acabaron aceptando y no viendo en una suma de pequeñas cegueras, las injusticias y atrocidades que se cometían.

Me planteo estas cuestiones para intentar averiguar nuestro grado de responsabilidad individual y colectiva ante la crueldad, y que parte de aquella podemos atribuir a la cultura, entendida como el conjunto de costumbres, valores, tradiciones, influencia y forma de pensar de una sociedad. 

Por qué, como es posible que millones de alemanes y alemanas no nazis, no hicieran nada y continuaran su vida con normalidad, mientras el Estado al que apoyaban, asesinaba, torturaba y exterminaba a millones y millones compatriotas, solo por su condición religiosa, étnica, cultural o sexual. O que el dictador Franco muriese y millones de personas llorasen, o miles de ellas hiciesen largas colas ante su féretro, cuando las cárceles y comisarias estaban llenas de personas a las que se torturaba solo por defender la libertad, o asesinadas y enterradas en cunetas junto a las carreteras.

Hay tradiciones bárbaras y criminales, como la mutilación genital femenina practicada sobre millones de jóvenes y adolescentes en muchos países del mundo, o el honor y la masculinidad que nos socializa a los hombres en la idea de la superioridad sobre la mujer, la obligación de ser los responsables y titulares de la familia, y el derecho a ejercer la violencia e incluso el asesinato.

Recientemente he visto un reportaje sobre Jordania, donde se preguntaba a hombres jóvenes y mayores, cuestiones referentes a la libertad y el rol de las mujeres, y todas las respuestas seguían el mismo patrón, era a ellos a quienes la tradición, la religión y la familia les había otorgado ese poder, y cualquier transgresión a esa idea es considerada una traición al honor, lo más importante para un hombre y su horrible masculinidad. Uno de los entrevistados incluso sin rubor llegó a manifestar que dispararía y mataría a su hermana si se atreviese a contradecir esas normas.

Creo que la sociedad patriarcal en la que vivimos con su poder de dominación y control ha logrado inocularnos el virus de seguir viviendo nuestras vidas mientras miles y millones de mujeres son maltratadas, asesinadas, abusadas y discriminadas diariamente sin que hagamos nada para evitarlo. Hitler deportó a millones de judíos ciudadanos y ciudadanas alemanas ante la mirada indiferente y a veces complaciente de sus compatriotas.

En la Alemania post nazi a esa población silenciosa, miedosa e indiferente se la denominó Mitläufer, que significa aquellos y aquellas que se dejaron llevar por la corriente.

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