Donald Trump, presidente de EEUU, en una imagen reciente.
Donald Trump, presidente de EEUU, en una imagen reciente.

Mientras el teatro agoniza, el presidente Trump sale de paseo en su limusina para saludar, ahora con máscara, a los magníficos patriotas que han ido hasta las puertas del hospital donde está ingresado. Al menos dos personas iban con él y tendrán ahora que pasar cuarentena. Difícil de decir cuantos supuestos virus hayan ido quedando por el camino desde su suite hasta el coche y vuelta. Ingresó el sábado; es posible que hoy mismo lo devuelvan a su casa. Ha nacido un vencedor del virus. El cambio de guión respecto a la pandemia quedó claro en el vídeo del domingo:

[Mi enfermedad] es una escuela de verdad, [y no solo haber leído algo sobre ello]. Lo entiendo ahora y es una cosa interesante, y os lo voy a contar todo. Nosotros amamos América en este tiempo, y amamos lo que ocurre.

Quizá él mismo entienda lo que dice, como ciertos líderes de las derechas españolas cuando afirman que un plato es un plato, cuando dicen que lo de Almería quedará en nada o cuando proponen, peligrosamente, que No se trata de confinar al 100% de los ciudadanos para que el 1% infectado se cure. ¿De qué se trata entonces, señora Díaz Ayuso? ¿Tiramos al cementerio al que no tenga cuerpo suficiente para aguantar la enfermedad? ¿O quizá lo decidimos antes para no andar gastando dinero en enfermos sin futuro? ¿Unas derechas que se amotinan contra la Ley de eutanasia y usarían los razonamientos de la eugenesia?

La pandemia se extiende de un modo invisible y silencioso y Madrid es la capital europea con una dimensión bíblica de nuevas infecciones: 674 frente a las 38 de Berlín. Pero la bravata del Gobierno regional es que a Madrid se puede llegar desde Berlín mejor que desde Parla. No es cierto. A Madrid ya nadie se acerca ni con un palo.

La presunta enfermedad de Trump, y presunta también porque entre sus médicos y la Casa Blanca las contradicciones es lo único destacable. El paseo en carroza del domingo por la tarde no habla mucho en su favor, como el anuncio ayer mismo de que hoy volvería a casa. Todo es parte de la teatralización, pero no solo de la teatralización de un Trump cuyo final político podría llegar el próximo día 3 de noviembre. Trump es solo una figura más de ese Gran Teatro del Mundo del que Shakespeare nos contaba: algo huele a podrido en Dinamarca

En este momento hay, al menos, dos cosas que deberíamos tratar con cuidado: la diferencia entre Ciencia y Política y la diferencia entre Ficción y Mentira. En la Ciencia no se cree, la Ciencia se acepta, o no, después de un sistema exigente de controles sobre las verdades que la Ciencia presenta como tales. La actividad Política se somete a la credibilidad como único sistema de control, con la sola ayuda de la Justicia si llega el caso. Aceptar que la pandemia existe es aceptar la Ciencia y una de sus verdades contrastadas. No creer que Trump esté enfermo es un acto de provocación contra una fe en la que no hay por qué creer: porque toda su enfermedad, exactamente como toda su vida pública, es una teatralización, exclusivamente, en la que han quedado confundidas ficción y mentira, y la verdad ha perdido todo su valor.

Haber caído enfermo, con todas la encuestas lectorales en su contra a menos de un mes de las elecciones, hubiera podido ser otro de los saltos mortales a los que Trump nos tiene acostumbrados. Dos candidatos enfermos, en el pasado, ganaron las elecciones: Roosevelt y Reagan. Precisamente a Reagan podríamos tomarlo que el inicio de un cambio de época en este asunto. Aunque no debemos olvidar que siempre el tirano llega en olor de multitudes.

El gran problema es, sin embargo, que Trump pasará pronto, aunque ganara cuatro años más, pero los daños inmensos que ha causado ya van a seguir presentes e infectando con la misma mecánica que la pandemia. Que el propio Trump llegó a la Casa Blanca porque ya existía antes la duda en la sociedad sobre la diferencia entre ficción y mentira, y la verdad había caído en desgracia.

Patriotismo es para Trump que unos cuantos seguidores vayan a velarlo a las puertas del hospital, patriotismo en Spain es llenar playas de banderas al mismo tiempo que los que ponen las banderas eligen, apoyan y defienden a unas derechas de afirman que No se trata de confinar al 100% de los ciudadanos para que el 1% infectado se cure. De lo que, según el propio argumento, cabe deducir que se pondrá una banderita en una playa por cada uno de todos los que mueran. Lo de los gastos que los enfermos producen en los hospitales y los ahorros necesarios ya se hablará en otro sitio.

Yo prefiero el matriotismo, sin embargo. Parece mejor mirar hacia la verdad, aunque asuste, que a la dulce mentira que envenena a Hamlet. Si no queremos perecer todøs estamos obligados a hacer un mundo para todøs juntos. O todos o ninguno.

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Comentarios (1)

César Hace 11 meses
Es curioso que Trump salga en un coche blindado a saludar a sus seguidores concentrados a las puertas del hospital, al aire libre, y sea tachado de temerario; pero que, cuando el Cheposo, estando confinado en cuarentena, se presentó en un Consejo de Ministros sin mascarilla y en un entorno cerrado eso no fuera temerario. Espero que Trump gane su reelección (como todo apunta a que sucederá), aunque sólo sea para que sean inútiles los muchos millones que están gastando los globalistas financ
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