El miedo no es la solución, sino el combustible del militarismo

El no a la guerra no es solamente evitar que los líderes desaten una carnicería, es que no la puedan desatar

Cristóbal Orellana.

Licenciado en Filosofía (US), Diplomado en Geografía e Historia (UNED), Máster en Archivística (US), Máster en Cultura de Paz y Conflictos (UCA), de profesión archivero, de militancia pacifista, de vocación libertario, pasajero de un mundo a la deriva.

Una de las manifestaciones que se produjeron en contra de la guerra de Irak.
Una de las manifestaciones que se produjeron en contra de la guerra de Irak.

Me ha sorprendido este artículo de Rafael Poch en donde, resumidamente, viene a decir: 1) la situación internacional es de extrema gravedad, y 2) volvamos al miedo de la amenaza de mutua destrucción asegurada (MDA) como solución que vuelva a contener a las partes, en evitación de un holocausto planetario vía conflagración atómica. En ningún momento, lo que me parece alucinante, habla Poch de la vía del desarme nuclear, del desmantelamiento de arsenales. Una humanidad y un medio ambiente mundial libre de la amenaza atómica no le parecen ninguna prioridad, la prioridad le parece volver a los cauces de la Guerra Fría para que los "contendientes" no nos frían a todos ahora.

Podría haberse referido al Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares suscrito ya por casi 100 países, pero no, ya no lo propone como senda a seguir, sino que ni lo menciona.

Dice literalmente: "Se constata que la condición de Rusia como superpotencia nuclear ya no da miedo. Ese miedo que evitó, por disuasión, la guerra nuclear en el pasado, y que, por tanto, es imperativo recuperar hoy para evitar una catástrofe". Es decir, ya que estamos (ahora y en otras ocasiones que Poch cita) a punto de una hecatombe mundial vía Hiroshima general, volvamos a rezar, a encomendarnos, a la eficacia disuasoria de Hiroshima y el exterminio radiactivo... En vez de la muerte segura, debemos elegir la más segura agonía: volver la OTAN a la moderación y Rusia a evitar sus alardes... es decir, volver a la eficacia de la amenaza de MDA basada en el respeto de las partes a los pactos de no agresión. Según Poch, una tercera guerra mundial se evitará manteniendo el miedo, esto es, la eficacia disuasoria de la amenaza de MDA, es decir, volviendo a la Guerra Fría y los tratados del “canon” atómico.

Pero la lógica interna de este tipo de razonamiento desde luego es inexistente y, siendo generoso, dicha forma de razonar y expresarse solo podría considerarse "coherente", ya que se funda (explícitamente) en el miedo para proponer el miedo... Pero, ahora sí, empleemos nosotros la lógica y atengámonos a los hechos: el miedo es un arma militar de poca eficacia cuando la espiral de la violencia se enrosca más de la cuenta, como ahora. El miedo no frena al Pentágono. El miedo hará que Putin reaccione. Y este miedo nos podría, en consecuencia, hacer saltar por los aires. El miedo, señor Poch, nos ha traído hasta aquí; luego no es la solución frente a un militarismo que no tiene miedo.

¿No será más lógico acudir a la raíz de ese miedo biocida (la existencia misma de la estrategia nuclear) para, mediante el tratado de prohibición, hacer desaparecer la posibilidad de un Armagedón?, ¿no será más lógico, sensato y realista exigir la ciudadanía a sus muy muy irresponsables élites dirigentes el fin definitivo de las armas nucleares y el armamentismo más salvaje?, ¿no habrá que dejar de volver a ningún sitio supuestamente seguro para, de una vez, avanzar hacia la Paz sin miedo por la vía, necesaria, inevitable, del pacifismo?

El no a la guerra no es solamente evitar que los líderes desaten una carnicería, es que no la puedan desatar. Las guerras no surgen de la nada, no son actos puntuales, sino efectos de situaciones (con fundamentos históricos, políticos y económicos) que conducen a ellas. El miedo no frena al militarismo, el miedo es el combustible del militarismo.

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