Me tiemblan las piernas

El temblor de mis piernas es una consecuencia de la comprobación de que tanto PP como Cs se han echado en brazos de la extrema derecha

Un portavoz de la Junta, durante una comparecencia ante los medios. FOTO: JUNTA DE ANDALUCÍA
Un portavoz de la Junta, durante una comparecencia ante los medios. FOTO: JUNTA DE ANDALUCÍA

No lo puedo evitar, por mucho que digan los paniaguados y sesudos comentaristas que niegan la existencia de un franquismo sociológico y psicológico, me tiemblan las piernas cuando aparecen noticias y decisiones del llamado gobierno andaluz del cambio.

Eso me ha ocurrido cuando leo con asombro algunas de las medidas que PP y Cs han aceptado para conseguir por segunda vez un acuerdo parlamentario que da salida a unos presupuestos andaluces cada vez más antisociales y más retrógrados. Me refiero a las medidas que se refieren a la educación pública. No es casualidad que las más llamativas se refieran a ese campo abierto que es la escuela. Pueden parecer nimiedades pero nada más lejos de la realidad, por lo que supone de utilización del derecho a la educación para todos y todas en libertad.

Al margen del debate sobre la caza y lo que supone para el mundo rural y su relación con su cultura ancestral, introducir la caza en las aulas es tan anacrónico como pretender que el mundo no ha cambiado y querer seguir haciendo fuego con dos piedras. Pero además hacerlo como elemento general de las vidas de las personas es un atentado a la libertad que tanto predican defender.

No tiene sentido introducir la caza en el sistema educativo por mucho que les guste a una parte de la población esa práctica económica y de ocio que se basa en una visión de la vida que se corresponde con actitudes no compartidas por el conjunto de la ciudadanía, que de ninguna de las maneras aporta a la formación del alumnado valores que vayan encaminados a la responsabilidad, la sensibilidad, el conocimiento o la solidaridad, sino que al contrario conforman una manera de diversión basada en el uso de armas de fuego en la mayoría de los casos y en la matanza de animales ejerciendo una potestad de superioridad frente al animal que se desarrolla en su hábitat de manera libre y sostenida.

Al margen incluso que haya prácticas cazadoras que no están relacionadas con las armas de fuego ni con el uso de esa superioridad antes mencionada como puede ser el caso de la cetrería y similares, la caza no es necesaria para la formación de la personalidad del alumnado, habiendo como hay una enorme cantidad de contenidos y objetivos que abordar que no pueden ser absorbidos como un saco sin fondo en el sistema educativo.

Además de la introducción de la caza en el curriculum, hay otra medida que se incluye en las condiciones para aprobar el presupuesto que ponen en duda el desarrollo de los contenidos derivados de mandatos constitucionales, me refiero al llamado “pin parental”. Mediante la introducción de este método las familias podrían impedir que sus hijas e hijos pudieran participar en actividades complementarias aprobadas y autorizadas previamente si consideran que pueden ser contrarias a las ideas o la forma de entender la vida de las familias. Esta medida es una sutil manera de acabar con el concepto de escuela democrática y de valores asumidos de manera general que se viene disfrutando en los últimos años en nuestro país. Es una práctica que proviene de plataformas tan poco democráticas y tan segregadoras como Hazte Oír.

Estas medidas se unen de manera manifiesta a las que se derivan de una promoción de las escuelas concertadas por encima de las escuelas de titularidad pública. En este sentido nos aproximamos de forma constante y más potente a un sistema educativo cada vez más privatizado. Ello es consecuencia de una deriva iniciada por los gobiernos socialistas de los últimos años corregida y aumentada por el actual Gobierno.

El temblor de mis piernas es una consecuencia de la comprobación de que tanto PP como Cs se han echado en brazos de la extrema derecha, por mucho que quieran decir lo contrario en aras de mostrar una estabilidad que solo se basa en la sumisión a los dictados del sector más conservador y arcaico del Parlamento andaluz.

Dirán lo que digan y lo argumentarán por activa y por pasiva, pero la modernidad pregonada por el cambio es sencillamente una vuelta al pasado, caminamos en el sentido de perder derechos mientras asistimos a una situación marcada por las desavenencias de la oposición que se muestra incapaz de establecer un frente común ante el desmantelamiento sistemático de los derechos conseguidos durante años y gracias a los posicionamientos de la sociedad andaluza. Me gustaría cambiar mi temblor de piernas por un abrazo optimista en la búsqueda de una verdadera salida progresista y justa.

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