MDLR o la romantización de la pobreza

Esta “renacida” cultura callejera nos viene mayormente importada de EEUU o Francia

Rosalía, en una imagen de Instagram.
Rosalía, en una imagen de Instagram.

La semana pasada encontré casualmente un reportaje de El País que me llamó bastante la atención. Contaba desde su óptica cómo lo quinqui ochentero se ha puesto otra vez de moda. Comparaba así a C. Tangana, Rosalía o Yung Beef con figuras como el Vaquilla, y de paso introducía la recién estrenada película Las leyes de la frontera. Me pareció cuando menos interesante, sobre todo porque también lo analizaba como un fenómeno de clases. Es cierto que aquí en España ya tenemos unos precedentes, sin embargo y creo que este es un importante detalle que pasaron por alto en el reportaje, pienso que esta “renacida” cultura callejera nos viene mayormente importada de EEUU o Francia.

Realmente, puede que nunca desapareciera, sino que se ha ido transformando según ciertas modas. Del quinqui de los 80 al bakala de los 90, seguido de los canis y ahora los MDLR. Aunque tienen ya su tiempo, puede que sean las siglas de mayor actualidad entre los jóvenes. Vienen del término francés mec de la rue, que significa algo así como chaval de la calle. Aun desconociendo su significado, hay quien adopta estas siglas ya que las entiende dentro de su contexto pandillero, sin que falte la ropa deportiva, el trap, el rapado a los lados, y las drogas blandas. Bien podría entenderse como una moda, pero hay quien lo ve como un modo de vida.

Como iba comentando, la mayor parte de todo esto viene de fuera. Es imposible obviar el componente gangsta americano, que supone la base de todo, con las pandillas, la mención al gueto... Han pasado varias décadas, pero sigue de moda. Perdí la cuenta de cuantas veces Abraham Mateo dijo “del barrio” cuando fue este verano a La Resistencia. Sin embargo, pienso que hoy día todo tiene un aire a suburbio francés, donde la marginalidad y la anarquía pueden ser todavía mayores, producto de cierto fracaso a la hora de integrar y dar oportunidades a la comunidad migrante de las antiguas colonias. De alguna u otra forma todo esto se ha ido adaptando aquí, y puede que en el proceso se hayan recuperado elementos de nuestro viejo extrarradio. Sobre aflamencar la música, pienso que es en parte casualidad, consecuencia de que nuestros músicos de hoy están mucho más formados y culturizados.

En la línea del reportaje, quizá nada de esto hubiera sido posible si no se diese el mismo caldo de cultivo que en los años 80, una precariedad abrumadora y un desempleo juvenil desorbitado, que hace que los jóvenes no vean futuro y se centren en la vida en la calle. Sin otra alternativa, la sensación que me da es que se romantiza este modo de vida. Tiene una parte positiva, y es que queda implícita cierta conciencia de clase. Pero la negativa es todavía mayor, ya que implica la renuncia a luchar por mejorar tu posición más allá de lo que puedas conseguir con los trapicheos y las apuestas deportivas. Nadie debería ser de la calle, todo el mundo debería tener una vivienda digna y un trabajo bien remunerado y estable. Y si no lo consigues por tu cuenta, unir fuerzas con el resto de la pandilla para conseguirlo. Si te enfrentas al sistema, que no sea porque te han quitado la botella y el porro, que sea porque estás luchando por las condiciones de vida que realmente mereces.

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