Gatos callejeros, en una imagen de archivo.
Gatos callejeros, en una imagen de archivo.

Todas las asociaciones tenemos siempre nuestras páginas web y nuestros Facebook a rebosar de animales abandonados y necesitados de un hogar y cariño.

Esta situación puede llevar a confusiones, que estamos deseando que alguien llame para decir “me lo llevo”. La verdad es que muchas veces estamos desesperadas por encontrar un hogar lleno de amor para alguno pero jamás vamos a darlo sin comprobar que ese amor es eterno. Porque el amor entre animales y humanos si es eterno, hasta que la muerte los separe.

Pero necesitamos que consultes tu bolsillo antes de tomar la decisión de adoptar ¿puedo hacer frente a sus gastos veterinarios normales? Vacunas, desparasitación, esterilización.

¿Puede mi familia hacer frente a sus necesidades en casa? Comida adecuada, protección frente a los peligros de la calle, tiempo y espacio para jugar y ser feliz... porque en el fondo es de lo que se trata, que la familia que adopta sea más feliz que cuando no tenía mascota, y que el gato adoptado sea más feliz que cuando estuvo con nosotros.

Si el animal con el tiempo enferma, o ya adoptas alguno con patología, ¿podré hacer frente a sus gastos y necesidades? ¿Tengo ganas de hacerlo? ¿Seré lo suficientemente fuerte para hacerlo?

Demasiadas veces vemos a los animales abandonados por una simple infección de orina que no les permite llegar al arenero a tiempo. Demasiadas veces vemos animales mayores entregados a la perrera porque ya no es el juguete simpático que recogieron o adoptaron. No quiero ni pensar en hacerme vieja y que mi familia me quiera menos por ello, necesitaré que me quieran más porque yo les habré dado mi vida entera y en ese momento solo me quedará su amor y su desvelo, por mi. Porque no hay nada más triste que llegar a viejo solo, sin futuro y sin raíces, por eso no nos ceñimos a rescatar bebés bonitos, por pura compasión, esa que tantas veces nuestra sociedad ignora en pro de no sé muy bien qué, y que solo consigue deshumanizarnos.

Como, por desgracia, ninguno de nosotros humanos nacemos con un seguro de salud, antes de adoptar tenemos que hablar con nuestra familia... si me pasa algo ¿cuidarás de él mientras yo no pueda? Si tenemos un hijo ¿limpiaras tu su arenero mientras esté embarazada? Si nos vamos de vacaciones ¿tenemos quien lo cuide, para que no nos eche demasiado de menos mientras nos divertimos?

Las asociaciones no somos pesadas, a muchas personas les asusta demasiado eso que llamamos “seguimiento”, cuando la mayoría de las veces se reduce a que la familia cuando hace un vídeo simpático de su gato nos lo mande, cuando sale extremadamente guapo en una foto nos la mande, cuando tiene una duda nos la consulte. Muchas no tienen refugio, eso significa que los animales rescatados van directamente a nuestras casas, creando a veces conflictos con nuestras parejas, surgiendo, a veces, bonitas historias de amor con nuestros hijos... aún así depositamos nuestra confianza y el animal en manos de una familia que apenas conocemos para que ellos sean más felices que con nosotros, estén más atendidos o podamos ayudar a otro. Pero los vínculos ya creados son muy difíciles de romper y desde luego nos negamos a ponerles fecha de caducidad.

Es solo cuestión de respeto y agradecimiento mutuo, yo pongo en tus manos parte de mi familia y tú me haces partícipe del resto de su vida contigo, sin presiones, solo agradecimiento y respeto mutuo, es tan bonito verlos crecer con el amor de otros que nunca renunciaremos a ello, estaremos en las duras y en las maduras, como hacen las familias.

Maullidos es la columna semanal de la Plataforma de Bienestar Felino, formada por diferentes asociaciones y particulares.

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