Hace décadas que unieron sus manos y vida para siempre, y hasta hace poco no han sido conscientes de que no se soportan.

El uno provoca la ira del otro, y éste a su vez el hastío de aquel. Se juraron un amor eterno que solo existía en la imaginación de ilusos y utópicos soñadores, que veían en esta boda la fusión perfecta entre el temperamento, la sabiduría, la templanza, la eficiencia, el valor, la constancia, el esfuerzo… la fuerza y la belleza.

Ahora él dedica sus músculos a despreciarla. Ella envía besos a otros. Él la acusa de adúltera y vividora; ella denuncia sus malos tratos, su soberbia, prepotencia y crueldad.

Él dedica su tiempo a malmeter, criticándola en reuniones de amigotes con idénticas actitudes a las suyas. Ella ruega comprensión, y pide ayuda… una vez más, quizás la última. 

Entre tanto, los vecinos hacen oídos sordos a la refriega de insultos, golpes, amenazas y gritos. Miran para otro lado, o simplemente encienden el televisor en busca de un reality que ahogue el llanto tras la pared.

Ellos no se amaban, pero creían que su unión sería beneficiosa para ambos. Un matrimonio de conveniencia que ahora hace aguas naufragando en el mar de la crisis, ese donde solo unos pocos tienen embarcación mientras el resto nos mantenemos a flote a duras penas.

Se juraron amor eterno. En la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte los separase.

Ahora les separa la deuda.

Él (Alemania) aumenta el saco de las humillaciones. Ella (Grecia) acepta un nuevo bofetón con la resignación de quien sabe que nadie acudirá en su ayuda.

Él se pavonea contando billetes y fumando puros en la cubierta de un yate, que es fregado por ella a mano, sin guantes, rompiéndose las uñas y abrasándose las yemas de los dedos. Y mientras nosotros, sus vecinos, nos convertimos en cómplices ciegos, sordos y mudos.

Les ruego perdonen mi infinita desfachatez al hacer esta comparación de lo social con lo político, que seguramente muchos consideren excesiva y hasta de mal gusto.

Pero es que yo, en esta perra vida, me tomo el lema de cierta campaña al pie de la letra: “Ante el maltrato, todos y todas a una”. Sea de quien sea, y por supuesto… proceda de quien proceda.

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