Manifestación del 4D.
Manifestación del 4D.

Justo antes de iniciarse la campaña del referéndum del 28F, Alianza Popular decidió recomendar la abstención en el transcurso de un Congreso regional celebrado en Fuengirola. Su secretario general, Manuel Fraga, afirmaba por aquel entonces que “para muchos que hablan de ella, la autonomía no es más que acercarse a la teta de los sueldos”. Fraga y otros muchos líderes franquistas que se estrenaban en las lides democráticas no acababan de coger el pulso a la nueva realidad que se abría paso y obviaban el carácter popular del autogobierno andaluz. Andalucía llegó a sus instituciones desde las calles, y el pueblo que las abarrotó el 4D tardaría en reconciliarse con aquella derecha altiva y centralista de Fraga tanto como con el paternalismo de Suarez y su “Andaluz, este no es tu referéndum”.

La historia discurre a través de paradojas. Si aquel diciembre de 1977 trajo en volandas la autonomía plena para Andalucía, el de 2018 ha puesto a los mandos de nuestra tierra a las derechas actuales, que deben su pujanza electoral a mensajes cada vez más centralistas. El PP parece haber sacrificado a todas las palomas para aplacar la ira de los dioses que ahora cabalgan desbocados sobre proclamas reaccionarias y mentiras estridentes, escapados de los nidos de sus propios halcones. Ciudadanos gobierna por primera vez y lo hace tras haber comenzado su andadura política doce años atrás. En junio de 2006 sus poco después fundadores pedían el No en el referéndum del Estatut de Cataluña y en noviembre del mismo año saltaban a la contienda electoral dando al sistema el gancho del que colgar las políticas conservadoras cuando se terciara darles continuidad con otros ropajes, aunque el advenimiento de su líder Rivera se materializase en aquella foto en pelotas. Sin duda debe Rivera más a la crisis territorial y económica y a la corrupción del PP que a su desnudo.

El PP salió castigado de las urnas, pero no derrotado. Moreno Bonilla traspasa el umbral de San Telmo del brazo de Marín, pero ambos oyen el susurro cercano de Vox, la versión contemporánea del “recuerda que eres mortal” que Marco Aurelio hacía repetir cansinamente a sus espaldas en los paseos triunfales. Podría despistarnos este panorama sin duda descorazonador, pero los clásicos nos salvan. “El poder no corrompe, sólo desenmascara”, y de la antigua Grecia de Pítaco de Mitilene a la Andalucía actual poco puede añadirse a su razonamiento. Las tres derechas comparten agenda social y económica. Las dos que se sientan en el Consejo de gobierno andaluz hacen lo pactado entre las tres, y la que les sostiene se encarga de los fuegos artificiales con los que entretenernos. Cuanto más espacio ocupen los disparates ultramontanos de Vox, más desapercibidos pasarán los recortes en los servicios públicos y la venta de nuestro patrimonio. O eso deben pensar, pero se equivocan. La derecha, la nueva y la de toda la vida, no termina de cogerle el compás a Andalucía, ni a la nueva, ni a la de toda la vida.

Hay una Andalucía trabajadora, sencilla y esforzada que todos los días hace malabares para sortear dificultades. Una Andalucía real que hoy como ayer, vive las alegrías y los pesares con idéntica intensidad. Que festeja e impugna, que acompaña, que canta y que cuida. Es la de millones de personas extraordinarias, heroínas de lo cotidiano que dan la batalla armadas con pizarras, estetoscopios, palaustres, probetas, hilos, fregonas, bandejas, redes, escardillos, guitarras, biberones, ordenadores, brochas o pinceles. Ese ejército es invencible. Defenderá Andalucía con más geranios que banderas en los balcones, y más andamios que trincheras. Saldrá a la calle el 28F y tendrá autogobierno, voz, voto y lo que ella quiera porque se lo ha ganado. Adelante Andalucía es parte de ese ejército y comparte sus pertrechos, tenemos la tarea de ser percibidos como una parte más del guion de progreso y dignidad que nuestro pueblo va a seguir escribiendo, de representarle en las instituciones viviendo con él sus problemas, y de contribuir a resolverlos, sin cantos de sirena.

Andalucía no es arena electoral. Es la tierra firme que pisamos y el ancho mar que navegamos el pueblo más sabio por mestizo de España. Todos los pueblos se sienten el pueblo elegido, y el nuestro tiene poderosas razones para sentirse tan elegido como los demás. Andalucía no se vende. Aquí seguirá su pueblo fuerte, generoso e intacto cuando el temporal amaine y se lleve con él el ruido, la mezquindad y el mercadeo.

Inmaculada Nieto es diputada por Cádiz de Adelante Andalucía en el Parlamento de Andalucía.

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