Dos menores juegan en pandemia. FOTO: MANU GARCÍA
Dos menores juegan en pandemia. FOTO: MANU GARCÍA

Cada día el tema de la vuelta a las aulas pinta peor, existiendo una incertidumbre que no ayuda. Tampoco ayudaron los movimientos torpes del gobierno autonómico pasándole la patata caliente al central. La competencia en educación es de la Comunidad Autónoma, y siendo como tal un derecho, no había tiempo que perder. En mi opinión la Junta ha apurado mucho el plazo.

Considero además que es especialmente tarde para presentar los protocolos previstos. Si la intención de la Consejería es presentarlos la semana que viene e insisten en que el curso empezará presencialmente el día 10, deja poco más de semana y media para que los centros, personal e incluso alumnos asimilen el protocolo. Se trata de una gran carga de trabajo a contra reloj, adicional a lo que conlleva ya de por sí un inicio de curso.

Mi imaginación vuela pensando en las posibles medidas, sin saber cual puede ser la más tediosa para los menores o destructiva para la conciliación familiar. ¿Recreos recortados y escalonados por aulas? ¿Diferentes horas de entrada y salida para evitar aglomeraciones? ¿Turnos de mañana y tarde? Hay algunas que descarto, sobre todo porque parece que no se va a contratar a los docentes adicionales que harían falta, y mucho menos edificar nuevas instalaciones. Algunos centros llevaban años pidiendo ampliaciones, el hecho de que se les ignorara es para llorar de la rabia.

Puede que los niños sean el colectivo con mayores secuelas psicológicas de la cuarentena después de todas las personas que estuvieron en primera línea, afectadas o familiares de estas. Puede que los problemas para la vuelta al colegio les suponga otro revés. Se quiera o no, es en las aulas y en los patios de recreo dónde los menores sociabilizan. Por supuesto, mantendrán contacto con sus tres o cuatro mejores amigos, pero la limitación sigue siendo importante.

Existen otros daños colaterales para los niños, aunque lo que viene a continuación es una nimiedad. Pasando antes de ayer por delante de un quiosco me di cuenta de que no había cromos de la Liga de futbol. Y es verdad, por la incertidumbre de los ascensos, la colección 2020-21 no se pone a la venta hasta el 8 de septiembre. Parece una tontería, pero dentro de nuestras limitaciones es casi la última línea de defensa para que los niños no se entreguen a los videojuegos. La limitación de reuniones de 10 personas hace que ya de por sí se les condicione mucho el poder jugar en la calle.

Aun así, paseando por la calle, se ven muchos niños sin mascarilla porque sus padres piensan que son inmunes o algo. El otro día, repartiendo mascarillas en la calle con las Juventudes Socialistas recibí varias veces como respuesta de los padres “son solo niños”. No dejan de ser un vector de contagio. Si no, no habría un quebradero de cabeza con la vuelta al cole y yo no estaría escribiendo esto.

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