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Sí, machistas, las mujeres estamos muy cabreadas. Y cada vez más.

Abuela, permíteme que hoy no te escriba a ti. Hoy quiero escribirles a los machistas.

Las mujeres estamos furiosas, enfadadas, indignadas, encolerizadas, estupefactas, perplejas, atónitas, alarmadas, espantadas y horrorizadas por el repunte del machismo que estamos viendo en los últimos tiempos. Tanto que, a veces, pareciera que estamos desandando lo andado en años de lucha. Por fortuna, solo lo parece porque lo cierto es que hay una generación de jóvenes muy activas que están renovando el feminismo y las formas de lucha. Y gracias a eso, aunque nos sigáis matando, estamos más vivas que nunca; aunque pretendáis detenernos, seguimos manteniendo la movilización social —creo que, después de la explosión de las mareas a partir del 2011, el feminismo es uno de los movimientos que, a pesar de la pasividad general, sigue ocupando la calle más a menudo e inundando las redes sociales de causas—; aunque nos coloquéis la letra escarlata y nos apedreéis culpabilizándonos de querer tiranizar a los hombres y acabar con todo cuándo les rodea, lejos de amedrentarnos, nos reforzáis. Porque la indignación es un potente combustible. Y hay tantos motivos para estarlo que la llama, lejos de apagarse, se aviva día tras día.

Indignación porque nos seguís asesinado por el simple hecho de ser mujeres; nos seguís cosificando cuando enviáis por wasaps fotos de tías en pelotas en poses obscenas; continuáis maltratándonos y humillándonos; rompiéndonos la vida arrojando a nuestros hijos por el balcón o acuchillándolos, cuando no obligándonos a devolverlos a un maltratador; persistís en mantener las diferencias laborales: blindando el techo de cristal, pagándonos un 15% menos de salario, obligándonos a sacrificar nuestras carreras porque con esta cultura corporativa 'presentista' es casi imposible conciliar la vida laboral y familiar; seguís violándonos y no creyéndonos cuando lo denunciamos a consecuencia de lo cual, incapaces de soportar tanta ruindad, nos ahorcamos o, en el colmo de la mezquindad, clamáis contra la presunción de culpabilidad de cinco canallas y exigís respetar su intimidad, mientras señaláis con el dedo a la víctima y la acusáis de no quedar suficientemente traumatizada tras la violación.

Sí, machistas, las mujeres estamos muy cabreadas. Y cada vez más.

Y vosotros, los hombres, también deberíais estarlo. Si no por justicia, solidaridad y empatía, por puro egoísmo. Porque tenéis hijas, hermanas, amigas, nietas. Y a ellas las seguirán matando, cosificando, humillando, discriminando, violando… Y también seréis responsables. Responsables por no luchar junto a nosotras para cambiar las cosas. Porque la igualdad no es solo cosa de mujeres, y en vuestra mano está transformar el espacio que tenéis en la sociedad para hacerlo feminista. Lo que sí es cosa exclusivamente de mujeres es el empoderamiento y la sororidad. Empoderamiento para convencernos de que, o estamos donde se cambia el mundo, o sea, en los ámbitos de poder, o todo será un seguir rodando cuesta abajo. Y sororidad  para establecer pactos entre mujeres que nos permitan tejer redes que nos protejan mientras seguimos ascendiendo por la empinada cuesta de la igualdad expuestas a los francotiradores del machismo.

Machistas, vuestro odio es nuestro combustible. Y no imagináis lo que pueden hacer millones de mujeres —y algunos hombres feministas, pocos aún—, furiosas, enfadadas, indignadas, encolerizadas, estupefactas, perplejas, atónitas, alarmadas, espantadas y horrorizadas, pero, a pesar de todo, cada vez más combativas y conscientes, con ese combustible que nos proporcionáis. Yo sí lo imagino: cambiar el mundo, a pesar de vuestro machismo. 

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