Si votar en unas elecciones supone ya de por sí un quebradero de cabeza, este 2015 va a suponer todo un reto. Este año, más que nunca, vamos a necesitar un auténtico manual para poder sortear los engaños y triquiñuelas que nos están preparando. En Andalucía, ya con toda seguridad, tendremos una cita con las urnas en marzo para decidir nuestros dirigentes autonómicos, otra en mayo para votar a nuestros gobiernos locales y, finalmente, y Rajoy y su plasma mediante, en diciembre elegiremos a nuestro próximo presidente del Gobierno. Los llamados nuevos partidos tienen todas las papeletas para convertirse en los grandes animadores de las tres llamadas a las urnas. Pregonan una nueva forma de hacer política en la que prima la lucha contra la corrupción y la participación ciudadana.

De toda esta hornada de nuevos partidos destacan principalmente dos: Podemos y Ciudadanos. Dos partidos que juegan de forma deliberada con la ambigüedad y la indeterminación, para intentar acaparar el mayor espacio electoral posible. Uno a la izquierda del tablero y otro, que no se olvide, a la derecha. En sus pocos meses de vida, Podemos, el partido llamado a ser el gran azote de la corrupción y de la financiación ilegal, ha acumulado varios episodios en los que, presuntamente, sus cabezas visibles han adoptado todos y cada uno de los males que critican de los políticos que forman parte de la llamada casta. Iñigo Erejón con su beca black, Monedero con su empresa creada para facturar casi medio millón en un cuarto de hora y un Pablo Iglesias, que ha reconocido haber sido utilizado, y pagado, por Irán para desestabilizar a España -al margen de su vinculación financiera con Venezuela-, son demasiados asuntos turbios, en demasiado poco tiempo.

En Ciudadanos, con más años de vida, los vicios parecen ser los mismos. Aquello que critican en sus adversarios, son incapaces de llevarlo a cabo dentro de sus filas. En este caso me centraré más en sus candidaturas municipales, aunque a nivel nacional, con Jordi Cañas o su Fundación ‘Tribuna Cívica’, también tienen por dónde callar. Sant Vicenç del Horts y Sanlúcar de Barrameda.

Dos municipios separados por 1.100 kilómetros. Dos localidades que podríamos calificar como antagónicas, sin que eso signifique rivalidad, son el ejemplo perfecto para ilustrar la estrategia municipal de Ciudadanos. O dicho de otro modo: la no estrategia. En el primer caso, cuna de Oriol Junqueras, donde el capo de la Generalitat ejerce como alcalde, han optado por apadrinar a un ex militante del PSC, conocido por todos por sus desvaríos, en vez de apostar por alguien que, de verdad, signifique una nueva vía. Han preferido estar representados por alguien que representa todo lo contario de lo que venden, a no estar representados. Si ese candidato está o no financiado por intereses ocultos, parece no interesarles. En el segundo de los casos, Sanlúcar, han demostrado una torpeza del tamaño que se merece un artículo por sí solo y que, desde aquí, me comprometo a publicar en muy poco tiempo.

Pero como adelanto puedo decir que esta vez han conseguido cuadricular el círculo. No han optado por corromper un partido existente para poder controlarlo, sino que han escogido la vía de crear algo nuevo. Se han permitido crear un ‘partido nuevo,’ entre esposas, cuñados y allegados, que pretenden salvarnos de nuestros males. En definitiva, una forma nueva de hacer política tan vieja como el sol.

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