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Está claro que la gente no se entera porque seguimos viendo, oliendo y sintiendo lo mismo cada vez que algún evento público se celebra en Jerez.

En alguna ocasión he escrito ya sobre la mediocridad social y sus consecuencias, como pueden ser el incivismo, la escasez de conciencia o directamente una falta total de educación, factores todos ellos que inciden en la propia ciudad de forma muy negativa, comportamientos que hay que corregir y erradicar a la mayor brevedad posible. Sin embargo, no por manido, deja de ser necesario abordar de forma recurrente esta cuestión, sobre todo cuando, como en este caso, hay motivos para hacerlo. Algunos pensarán “¡qué pesado es este tío con decir que somos unos guarros, que ya nos hemos enterado, hombre!”, pero está claro que la gente no se entera porque seguimos viendo, oliendo y sintiendo lo mismo cada vez que algún evento público se celebra en Jerez.

Todos hemos echado en falta durante las pasadas (por fin, bendita rutina) fiestas un dispositivo especial de limpieza que paliara los malos comportamientos durante las Zambombas o aquello que fuera que se celebrase bajo el nombre de Zambomba, dispositivo que está claro que no se implantó después de leer las declaraciones de los representantes del comité de empresa de Urbaser desmintiendo otras declaraciones del delegado de Medio Ambiente. Todos estaremos de acuerdo en calificar el comportamiento de algunos, sin generalizar, barrenderos como infames y en denunciar la poca o nula eficacia de los baldeos en esta ciudad, pero son temas aparte de lo que hoy quiero expresar, asuntos de los que se escribe bastante en las redes sociales como queriendo utilizarlos de parapetos y escudos que oculten la dolorosa verdad que se encuentra en el fondo de todo esto: que somos unos cerdos, unos incívicos y unos penosos ciudadanos, aunque tampoco podemos generalizar, ni mucho menos y afortunadamente, porque es signo de que sigue habiendo un poco de luz al final de este oscuro túnel.

Este lunes se ha comenzado a retirar todo el atrezzo que hemos tenido instalado durante la Navidad. Se ve que cuando han retirado la tela que cubría el escenario sobre el que lucía (por lo brillante, porque de bonito tenía poco) el nacimiento luminoso de la plaza de la Asunción, ha quedado al descubierto una gran cantidad de porquerías, sobre todo vasos de plástico y latas de refrescos. Es un panorama que nos resulta desgraciadamente familiar, ya que es lo mismo que venimos presenciando en el centro histórico cada vez que se desmontan los palcos de la Semana Santa, aunque es algo que sucede por toda la ciudad cuando se organiza cualquier actividad que pueda congregar a un número elevado de personas. Estamos ante el mismo problema de falta de educación y empatía con el lugar donde se vive de siempre. Ya sabéis, eso de que por qué se hace en la calle lo que nunca se haría en la propia casa de uno. Un problemón sin duda, y lo peor es que parece acentuarse con el paso del tiempo.

"Todos hemos echado en falta durante las pasadas fiestas un dispositivo especial de limpieza que paliara los malos comportamientos durante las Zambombas"

En el caso de lo de la plaza de la Asunción, existe una especial gravedad que refleja la mala fe con la que actuaron esas personas: allí están, aparte de papeleras, tres bidones de basuras en la misma plaza, a unos escasos cincuenta metros de donde se encontraba ese escenario. Ya que se ve que no había intención de pegarse la “caminata”, la otra opción era tirar las cosas al suelo, al menos así el barrendero lo hubiera recogido al día siguiente. Pero no, aquí se hace el esfuerzo de levantar la tela de la tarima y lanzarlo todo dentro para que no se recoja y quede patente la prueba de la poca o nula conciencia ciudadana que tienen esas personas.

Pero cuidado, que lo mismo sucede en Semana Santa con todas esas personas enchaquetadas y repeinadas que se pasan las tardes santas devorando pipas como si no hubiera un mañana y que no son capaces de llevarse una mísera bolsa de plástico al dichoso palco (después criticamos la falta de previsión del Ayuntamiento…). Lo mismo sucedía cuando se montaba esa feria ¿gastronómica? en la Alameda Vieja y en la que se permitían casetas sin servicios ni tomas de agua, dejando el suelo que rodea al principal monumento del Jerez urbano oscurecido por las manchas de aceite que se derramaba por allí. Y al parque González Hontoria porque no le preocupa a absolutamente nadie, pero si nos pasáramos ahora, ocho meses después de la feria, todavía nos encontraríamos vestigios de la fiesta anterior. 

Esos 20 metros cuadrados del escenario de la antigua plaza Escribanos pueden parecer poca cosa o algo exagerado como para que ocupe toda la motivación de un artículo, pero es que resulta paradigmático de lo dañinos e hipócritas que son algunos jerezanos con su propia ciudad. ¿Se puede solucionar esta situación? Si desde el ámbito político se toman decisiones pensando de verdad en el bien de Jerez en lugar de pensar en una pérdida de votos, sí, indudablemente. Entretanto a los que en realidad nos duelen este tipo de situaciones sólo nos resta seguir denunciando estos comportamientos cada vez que suceda lo más mínimo. Y no hay que temer que tachen a uno de repetitivo, porque más hartos estamos nosotros de esos que, llamándote repetitivo y pesado, no aceptan su responsabilidad ciudadana y llenan de mierda las calles y plazas de ese Jerez por el que se dan tantos golpes de pecho en las redes sociales y dicen querer tanto cada vez que tienen la oportunidad de hacerlo.

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