Logo de esta red social, LinkedIn.
Logo de esta red social, LinkedIn.

Sobran palabras, la red social más tóxica jamás concebida. Durante estas últimas semanas, en el grupo de amigos nos hemos dedicado a lo siguiente. Cuando uno miraba el LinkedIn para quitarse de encima notificaciones, otro de nosotros iba a buscar su perfil para que le saliese otra notificación más diciendo que alguien lo había visto. Ya que estaba, veía los perfiles del resto del grupo para que a todo el mundo le saliera la notificación. Empieza así un círculo vicioso de notificaciones que se repite cada cuatro horas.

Puede que sea nuestra forma de ridiculizar la búsqueda de empleo a través de un portal que no podría estar peor concebido, donde el solo y triste hecho de haber aparecido en una búsqueda ya requiere tu atención. Para LinkedIn, nada es mucho. Aparecer en búsquedas, la visualización de tu perfil mire quién lo mire, que si no sé quién ha publicado algo, que si otro cumple un año en no sé qué puesto, que si vea la última campaña de marketing de la empresa x… Podría salirte una notificación hasta porque el gato de tu amigo ha hecho sus necesidades en su caja. A nadie le importa, y encima todas van por duplicado al correo.

Aunque lo peor es el spam continuo para que te hagas premium, que es dónde le sacan dinero a la asquerosidad esta. Primero buscan crecerte y que pienses que a alguien de la red le importas algo. Luego, te dicen que un premium ha visto tu perfil y que te hagas premium para saber quién es. Una amiga del grupo se ha cogido el mes gratis para probarlo mientras que echa el currículum, y da fe de que es la misma basura. Solo que, ahora te chiva exactamente cuanta gente ha solicitado el empleo.

La comunidad de LinkedIn es otro poema, donde el postureo es la ley, aparte de haber una distorsión importante de la realidad. Entrar de becario en una pequeña empresa se convierte en entrar como Chief Manager Officer en una empresa de gran reputación. Luego está la etiqueta #OpenToWork, que por mucho que pienses que das la imagen de actividad, solo trasmite el mensaje de desesperación de “por favor, dame trabajo”.

Por mucho que des vueltas, si eres recién graduado, pierdes el tiempo buscando empleo en LinkedIn. Todas las ofertas que vas a ver te pedirán: inglés nativo, dos medallas olímpicas, una bula papal, haber encontrado el arca perdida, y poseer tres gemas del infinito. El remate es que luego van las empresas y se quejan del spam de solicitudes.

LinkedIn debería reformularse como un Facebook profesional, donde la comunidad científica y académica compartan sus teorías o pequeños avances de sus trabajos. De hecho, ya hay mucha gente que lo utiliza para esto mismo. Quizás también para contactar con un responsable concreto de una empresa de cara a dudas o entablar negociaciones. Pero en ningún caso como portal de empleo.

Se juega con la desesperación de muchas personas que buscan algo tan necesario para vivir como es un trabajo. Estas burbujas surrealistas deberían dejar de existir, y darse por ley un verdadero refuerzo de los servicios públicos de empleo. El SEPE y el SAE deberían conocer el abanico completo de la oferta de empleo y garantizar un proceso realista. Que las prácticas curriculares universitarias puedan garantizar la contratación en empresas, en lugar de estar quemando becarios como mano de obra gratuita. Hasta entonces, currículum inflado y solicitud sencilla.

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